Hasta hace poco, cuando oía hablar de la crisis, me venían a la cabeza una serie de imágenes de presentadores de telediario dándole bombo al asunto, pero ultimamente ha pasado de ser eso de lo que se habla en los informativos a una cosa que tiene nombres y apellidos, y eso, ya son palabras mayores.
Te cuenta una mamá en el parque que han despedido a su marido. 27 años en la paquetería como autónomo y jamás le había faltado trabajo. Ella funcionaria, con sueldo de funcionario, y él como autónomo, pues sin derecho a paro. Una hipoteca de más de 800 euros y una letra de camión de 700. Con una hija, un sueldo de 1300, e implorando a todos los santos habidos y por haber como Almodovar recogiendo su oscar.
Llamas a un cliente 100 veces, no le encuentras, y al final te haces amiga de la secretaria, que te cuenta que han despedido a su marido, y que ella se va al paro en 20 días, y te lo dice con la voz alegre y con un "chica, me está afectando la crisis de cojones".
Y así, 1000 historias más. Y no te queda otra que tomártelo con todo el humor que puedas y esperar a que escampe, que ya vendrán tiempos mejores, y si hay que comer patatas pues comeremos patatas.
Porque en plena campaña de navidad, es extrañísimo que en octubre se vendiera menos que en septiembre, y que en noviembre se esté vendiendo menos aún, y que tengas que inventar mil argumentos para sacar una venta de 70 euros. Que si como no vas a poder ir de restaurantes tendrás que tener vino en casa para la cena..., que si métetelas debajo de la cama y si por la noche la depre por la crisis no te deja dormir, te echas un trago..., que no sirven para nada, pero al menos te ríes un rato, y si sacas una venta pequeña por simpática, pues otra que suma, que nosotras vivimos de las comisiones que el sueldo fijo no da ni para el tabaco.
Aún así, y con toda la presión que supone el "si no vendo, no cobro", hacía mucho tiempo que no iba a trabajar con tanta alegría, y es que le ponemos al mal tiempo buena cara, con chistes varios, ocurrencias y creatividad con los clientes, y una sonrisa perpetua. Pero eso sí, con el culo prieto y esperando que se pase pronto la crisis de las narices