miércoles, 12 de noviembre de 2008

Maldita crisis!!!!


Hasta hace poco, cuando oía hablar de la crisis, me venían a la cabeza una serie de imágenes de presentadores de telediario dándole bombo al asunto, pero ultimamente ha pasado de ser eso de lo que se habla en los informativos a una cosa que tiene nombres y apellidos, y eso, ya son palabras mayores.

Te cuenta una mamá en el parque que han despedido a su marido. 27 años en la paquetería como autónomo y jamás le había faltado trabajo. Ella funcionaria, con sueldo de funcionario, y él como autónomo, pues sin derecho a paro. Una hipoteca de más de 800 euros y una letra de camión de 700. Con una hija, un sueldo de 1300, e implorando a todos los santos habidos y por haber como Almodovar recogiendo su oscar.

Llamas a un cliente 100 veces, no le encuentras, y al final te haces amiga de la secretaria, que te cuenta que han despedido a su marido, y que ella se va al paro en 20 días, y te lo dice con la voz alegre y con un "chica, me está afectando la crisis de cojones".

Y así, 1000 historias más. Y no te queda otra que tomártelo con todo el humor que puedas y esperar a que escampe, que ya vendrán tiempos mejores, y si hay que comer patatas pues comeremos patatas.

Porque en plena campaña de navidad, es extrañísimo que en octubre se vendiera menos que en septiembre, y que en noviembre se esté vendiendo menos aún, y que tengas que inventar mil argumentos para sacar una venta de 70 euros. Que si como no vas a poder ir de restaurantes tendrás que tener vino en casa para la cena..., que si métetelas debajo de la cama y si por la noche la depre por la crisis no te deja dormir, te echas un trago..., que no sirven para nada, pero al menos te ríes un rato, y si sacas una venta pequeña por simpática, pues otra que suma, que nosotras vivimos de las comisiones que el sueldo fijo no da ni para el tabaco.

Aún así, y con toda la presión que supone el "si no vendo, no cobro", hacía mucho tiempo que no iba a trabajar con tanta alegría, y es que le ponemos al mal tiempo buena cara, con chistes varios, ocurrencias y creatividad con los clientes, y una sonrisa perpetua. Pero eso sí, con el culo prieto y esperando que se pase pronto la crisis de las narices

lunes, 10 de noviembre de 2008

Un rey no es rey por voluntad divina...

... sino porque sus antepasados se lo montaron divinamente.

Hace unos días estuve escuchando en la radio, una entrevista a Pilar Urbano, en la que inevitablemente surgió la polémica que se ha generado acerca de la publicación de su último libro sobre la reina y las declaraciones que ella hacía.

Independientemente con que estemos de acuerdo o no con la reina en todo lo que dice acerca de homosexuales, aborto, comida vegetariana, ong's, etc., lo cierto, es que todo lo que se diga desde la casa real pues tiene su eco en los medios de comunicación, como no podía ser de otra forma.

Lo interesante aquí, no es lo que la reina dice o deja de decir, que puede tener sus creencias u opinones como todo hijo de vecino, con las que puedes estar o no de acuerdo pero que tiene todo el derecho del mundo a tener, sino, si puede o no puede decir lo que piensa en público por la influencia que ello puede tener en la población.

En principio, la reina, no es más que consorte, osea que puede decir lo que le de la gana, porque no hay nada que se lo impida en la constitución, otra cosa es lo que le convenga, pero el rey no, el rey está limitado por las decisiones del gobierno, y él tiene que limitarse a echar una firma en la ley correspondiente le guste o no.

De todo esto, surgió el otro día una conversación acerca de si "molaría" ser rey o no, porque claro, tienes tu yate, tus esquís, tus perricas, tus joyones, tu corona, tu día de gloria en nochebuena, tu palacio y todo lo que te de la gana, pero no puedes opinar en público.

Pues señores, a mí si me molaría ser rey, y si mi aburro pues abdico y punto, porque él no puede opinar en público, pero a mí, que si puedo, no me dan la oportunidad de salir en la tele el 24 de diciembre para dar 4 gritos y quejarme, así que estoy igual que él.

Además, él puede seguir diciendo lo que le de la gana en su círculo de amistades, que es lo que hacemos todos los españolitos de a pie, y además, seguir con su yate, con sus esquís y todo.

De qué le sirve a una mujer por ejemplo poder tener libertad de expresión si luego no puede comer porque su marido está en paro y ella se queda en 10 días, de qué a un jóven, si luego no puede irse de casa porque antes no podía permitirse una vivienda y ahora que sí puede no le conceden la hipoteca en ningún banco. De qué a una mujer que no tiene vida propia porque sale a las 7 de la mañana de casa para trabajar y vuelve a las 10 de la noche. De qué les sirve poder decir lo que les de la gana en público. Si no tienen público que les escuche.

Ayyy, pobrecito el rey, que tiene que firmar lo que el pueblo soberano decide. Lo siento, pero a mí, no me da ninguna pena.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Para mí

Llegué el jueves a casa agotada. Me dolía todo el cuerpo, las articulaciones, pensé que estaba pillando algo que corría por allí y no era mío, así que ni comí, me metí en la cama a echar una reparadora siesta.

A las cinco menos veinte, justo cuando iba a salir pitando de casa, me metí un momento a mirar el correo y lo ví. Tenía un mensaje diferente, no era un comentario del blog, ni un mensaje de próximas entrevistas, ni uno de esos pps que se mandan, ni publicidad. Era algo que alguien había hecho para mí.

Abrí el archivo adjunto. Era un cuento. Un cuento personalizado que hablaba sobre un tren, un desconocido, alguna lágrima, y muchas sonrisas.

Me emocioné. No por el cuento, bello en su contenido y en su forma, sino por el hecho de que una persona hubiera hecho algo así. Sentarse. Acordarse de mí, y gastar su valioso tiempo en inventar una historia para hacerme un regalo. A mí, que no le di nada, porque sí, porque hoy es hoy, sin ninguna razón más.

Esas cosas, que hacen que en tu rostro se dibuje una amplia sonrisa, esas pequeñas cosas, son realmente lo importante. No la crisis, ni Obama, ni la desforestación, ni la macroeconomía. Sino esas pequeños detalles del día a día. Un cuento regalado, una llamada de teléfono, una cena de pizza compartida con amigos.

Esas pequeñas cosas

Gracias. Esta canción es para ti ;)

jueves, 6 de noviembre de 2008

Estado de ánimo y comida

No soy psicóloga, ni médico, ni nutricionista, pero a través de la observación he llegado a una conclusión que quizás no sea cierta, pero aquí estoy yo para exponerla y el mundo para rebatirla.

"Los gordos no son felices"

Y no estoy hablando del sobrepeso u obesidad provocados por algún tipo de enfermedad como el hipertiroidismo, sino del exceso de "kilos emocionales".

Dicen que hay gente que cuando se deprime o está triste adelgaza, que no le entra la comida, yo creo que no es cierto, aunque igual a algunas personas les pasa, pero soy de la opinión de que a la mayoría de la gente le pasa lo contrario.

Yo nunca fui una niña gorda, tampoco delgada, era una niña normal. En su peso. Y fui una adolescente normal, una talla normal, un culo normal, un estómago normal, vamos un dechado de normalidades para alucinar.

Siempre me ha gustado comer, y lo hacía. Cuando voy a un restaurante muchas veces tengo problemas para elegir lo que pido porque me gusta todo. Y sin embargo seguía siendo increiblemente normal.

Pero mi peso ha fluctuado mucho en los últimos 10 años. He llevado desde la talla 38 hasta la 44, tengo ropa para cualquier peso. ¿Y por qué cambia tanto? Pues depende mucho de mi estado de ánimo. Cuando estoy estoy triste, deprimida, o ansiosa, me engordo. O mejor dicho, cuando me siento vacía engordo. Da igual la cantidad de cosas que tenga a mi alrededor para sentirme plena. Si me siento vacía engordo. Y no engordo por acción del espíritu santo, engordo porque como mucho, y mal. Como a deshoras, asalto el estante donde guardo los bizcochitos con recubrimiento de chocolate del Mercadona, o me preparo mini-sanwiches de embutido, nocilla, atún o lo primero que pille, uno detrás de otro. O devoro poco a poco a lo largo de la tarde el plato de macarrones que hice de más y que no se comió al mediodía.

Y lo hago sin darme cuenta. Me he llegado a comer 6 bizcochitos de chocolate a las 4 de la madrugada uno detrás de otro y darme cuenta al día siguiente cuando he ido a desayunar. Lo hago de manera inconsciente, mecánicamente, llenando el vacío. Ése vacío que no se puede explicar, pero que es algo parecido a la ansiedad de cuando dejas de fumar.

Cuando me doy cuenta de lo que he hecho, porque la báscula, los pantalones y el espejo me lo dicen, freno, pego un grito, hago dieta y adelgazo con facilidad.

Sin embargo, cuando el vacío desaparece, no necesito hacer dieta. Los kilos bajan más despacio, pero bajan. En los últimos meses he perdido 12 kilos, y juro que he seguido comiendo bizcochitos de chocolate. Claro, que no tantos ni a deshora, sino uno o dos con el desayuno.

Hoy, y gracias a un post de katanga, me he dado cuenta de que estoy volviendo a hacerlo, ahora precisamente que me quedaban tan bien los pantalones, jajajaja. En los últimos días he comido donuts de chocolate a deshora, montaditos en el bar a media tarde, cuadraditos de chocolate de la repostería de Galerías Primero, y además, desde que han abierto el puente del tercer milenio, como llego mucho antes al trabajo, siempre cae un café con churros.

Así que nada..., toca buscar las causas (no buscaré mucho porque creo que ya las sé), y poner remedio contra la vaciedad, porque si además pretendo dejar de fumar, la suma de todo me va a convertir en una bolita, cosa que no me gusta nada, porque los gordos, no son felices.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

¿Un mundo nuevo?

No lo sabemos..., yo tengo poca fé. Aún así, hoy levantaré mi copa, eso sí, con los dedos cruzados. Esperemos que el nuevo "jefe del mundo" esté a la altura de las circunstancias, o al menos que no la cague demasiado.

Lo dicho: Chín, chín.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Ya está aquí otra vez....

Hoy he salido de trabajar contenta, por haber llegado a mi objetivo, y después de acercar a una compañera a su casa con el coche me he ido a hacer la compra semanal de "lunes de cambio". Tenía la nevera tiritando, así que era sí o sí, he ido a Mercadona.

Estaba yo toda feliz caminando por los pasillos, aprovisionándome de los víveres básicos para subsistir (la cosa no está como para hacer demasiados excesos), y pensando en que tengo que contestar a un mail que tengo pendiente (y sigue pendiente), cuando lo he visto.

Ha sido como una aparición..., un montón de cajas excelentemente colocadas y repletas de polvorones y mantecados.

¡Horror! Ya está aquí otra vez. ¡Pero si es 3 de Noviembre! Cada año lo mismo, no sé por qué me sorprendo, cada año hago la misma afirmación, cada año la misma exclamación, cada año la misma interrogación. ¿Yaaaaaaaaaaa? ¡Joder! Ya estamos en Navidad (no oficialmente, pero ya comienza la fiebre consumista), ¡cómo pasa el tiempo!

Pero es la misma exclamación que hago cuando llega el verano, o la semana santa, o el otoño, o mi cumpleaños, o alguna fecha señalada. ¡Cómo pasa el tiempo!

El caso es que el tiempo pasa como tiene que pasar, sólo una vez cada 4 años el calendario nos regala un día más, pero el resto son igualitos..., con sus 365 días de 24 horas cada uno..., con sus 60 minutos por hora y sus 60 segundos por minuto...., pero ¡cómo pasa el tiempo!

Cuando me doy cuenta de estas cosas, es cuando hago balance. No lo hago en nochevieja, como las radios y televisiones con sus resúmenes, sino cuando algo me sorprende, como hoy. Así, que mientras miro el estante de los turrones, pienso en este último año, un año raro, el año en que cumplí 365 días sin fumar, el año en que volví a fumar, el año en que me olvidé de muchas cosas, y me acordé de muchas otras.

Un año de decisiones, de muchas cosas de las que arrepentirse, aunque no lo haga, porque no vale la pena arrepentirse de lo que se hace desde la sinrazón. Un año de viajes, de trabajo, de paro y de trabajo. Un año de soledad, un año de mucho dolor salpicado con grandes alegrías. Un año raro.

Ahora, hecho ya el balance del año, me queda mirar al futuro, o mejor, al presente, de mirar las cosas desde el prisma que a mí me de la gana. De coger cinco iniciales N T V A T, y componer la frase que a mi me guste:

"Nunca temas..., vive Ana. Todo"

domingo, 2 de noviembre de 2008

Vuelvo a casa con los pies completamente calados, a pesar de unas horas de transporte con calefacción. Traigo el sabor dulce de los momentos bonitos y el amargo de las decepciones. Vengo con miles de canciones cantadas, con muchos abrazos sinceros de amiga de verdad y con muchas risas almacenadas.

Vengo, me quito las botas mojadas, me pongo las zapatillas calentitas.

Escribo, escribo, escribo, escribo.

Hablo por teléfono, por msn, por otros sitios, hablo mucho, casi tanto como el sábado, aunque ahora no hablo de Yoli.

Me da igual que me digas que estoy guapa, porque yo me veo horrible. Pero mañana..., mañana me veré genial. Mañana es el primer día de mi nueva vida.

Ultimamente todos son el primer día de mi nueva vida. Y eso no está mal, porque cada día es nuevo, cada día es una puñetera aventura, una prueba de un concurso en el que nadie gana ni pierde, simplemente hay que llegar a la meta..., y todos llegamos, más tarde o más temprano.

Me gusta mucho esta canción:

Pista de audio 03 - Ningún artista