Almudena tiene 72 años. A su edad y con un amago de infarto sufrido hace unos años, tiene que tomar algunas pastillas al día. Poca cosa: la del colesterol, la de la coagulación, una para controlar el azúcar y un par más. Según su renta, serán unos 18 euros al mes. No parece mucho, pero entre eso, el miedo que le han metido y que su hija se ha quedado en el paro y quiere ayudarla para que saque adelante a sus dos churumbeles, ha decidido ir a la peluquería sólo una vez al mes en lugar de una vez por semana que iba hasta ahora. Por si las moscas.
La peluquería a la que acudía semanalmente Almudena, está regentada por Gloria, una cuarentona muy bien conservada que se gana la vida dejando a las señoras guapísimas una vez por semana. Bueno, menos a Almudena. Ahora que lo pienso, no es sólo Almudena la que deja de acudir semanalmente, son unas cuantas más que espacian cada vez más su sesión de belleza, así que Gloria ha decidido dejar de desayunar todos los días en el bar de Julio. Sí, son 3 euros al día únicamente, pero si los multiplicamos por los 24 días que trabaja al mes, estamos hablando de 72 euros, que le sirven para pagar la luz del piso.
Julio cada vez hace menos tortillas de patata. Le encantaba charlar con Gloria todas las mañanas, pero ella ha dejado de ir a desayunar, la crisis le dijo el otro día cuando se la encontró en la esquina de la calle. Lo malo es que tampoco acude ya Pedro, el chico de la gestoría, así que ha Julio ha pensado que en lugar de comprar la carne en la carnicería del mercado, la comprará en Mercadona, que le sale un poco más barata, a pesar de que la presentación, la calidad y el servicio están mejor en la carnicería de Luis.
Luis está preocupado porque cada vez vende menos carne. Se levanta todos los días a las 4:30 de la madrugada para ir al merca a por el mejor género, pero cada vez compra menos para que no se le estropee. Además ha pensado que tiene que quitarse algún capricho. Por ejemplo el vino. Le encanta, pero últimamente sólo bebe agua.
Cuelgo el teléfono, después de escuchar el decimoquinto "no" consecutivo. ¿Qué le pasa a la gente? ¿Se han vuelto todos abstemios? ¿Todos están enfermos y no pueden disfrutar de una copa de vino en la comida? No, no es eso. Es mucho peor.
Que alguien le ponga freno a este círculo vicioso o nos vamos todos a la mierda.
Sólo sé que no sé nada. Ignoro las motivaciones de la gente, desconozco lo que va a pasar. Solo estoy segura de una cosa, de mí misma.
miércoles, 25 de abril de 2012
domingo, 22 de abril de 2012
...menos la belleza
Cada día me aburren más las cantantes vestidas de niñas bien que emocionan a los demás con su aspecto lánguido y sus voces aterciopeladas.
Me cansan las baladas y las músicas lentas que no tengo con quién bailar.
No producen ningún efecto en mí las frases empalagosas de amor almibarado que no quiero que nadie me diga.
No comparto las fotos que hablan de "...si tú también conoces a alguien", o "... si tú también tienes un hermano", o "...si para ti también ser madre", en el facebook.
No escribo citas, no dibujo hadas, he dejado de usar emoticonos.
No se me llena la boca hablando de las maravillas de la maternidad, ni del amor que siento o he sentido o sienten por mí.
Cada día soy "menos mejor amiga" de alguien.
¿Me estaré volviendo la mujer de hielo?
¿O será que todo se pega?
... menos la belleza.
miércoles, 11 de abril de 2012
Mierda
Estoy metida en un laberinto que termina en una pared. En el fondo hay básicamente mierda. La mierda ensucia, huele mal e impide ver la pared blanca, limpia, reluciente. Tengo que volver, tengo que regresar al lugar dónde todo es blanco, limpio, reluciente. No soy capaz de soportar ni un minuto más este desastre, tengo que poner orden en el cajón de mi ropa interior, tengo que quitarle el polvo a los marcos de las fotos, tengo que abrillantar el suelo y echar desinfectante en el váter.
Pero no sé volver, no encuentro la salida del laberinto, se me ha roto el eye liner, y se me ha gastado la máscara de pestañas. Las bayetas están sucias y la lavadora ha dejado de centrifugar.
Si oyera una voz que me indica el camino, podría agudizar mis sentidos, desarrollar más el del oído, o dejarme llevar por el olor a limpio, olfateando como un perro sabueso.
Y por más que lo intento, siempre hay algo que me hace volver. Al fin y al cabo, no se está tan mal entre la mierda. Hay millones de cosas y personas a las que echarles la culpa por haber dejado eso tan guarro y no es necesario que lo limpie yo. A todo se acostumbra una...
Pero no, que no quiero acostumbrarme, que a mí me gusta ponerme la ropa recién planchada, me encantan las verduras al vapor, lo sencillo, lo simple, lo lógico, lo fácil. ¡Qué alguien grite desde allá fuera! ¡Qué alguien me lance una cuerda para volver! ¡Por favor! No quiero vivir aquí, está sucio y hace frío, no quiero seguir salpicado a todos los que me siguieron en el camino, ellos no se lo merecen, y lo más importante: YO no me lo merezco.
Sólo una, una última canción. Un último revolcón en el barro. Prometo que volveré. Aunque necesite ayuda, aunque todo un ejército de fregonas, escobas y ambientador a pino tengan que tirar de mí.
Pero déjame una última canción. Déjame llorar por última vez.
Pero no sé volver, no encuentro la salida del laberinto, se me ha roto el eye liner, y se me ha gastado la máscara de pestañas. Las bayetas están sucias y la lavadora ha dejado de centrifugar.
Si oyera una voz que me indica el camino, podría agudizar mis sentidos, desarrollar más el del oído, o dejarme llevar por el olor a limpio, olfateando como un perro sabueso.
Y por más que lo intento, siempre hay algo que me hace volver. Al fin y al cabo, no se está tan mal entre la mierda. Hay millones de cosas y personas a las que echarles la culpa por haber dejado eso tan guarro y no es necesario que lo limpie yo. A todo se acostumbra una...
Pero no, que no quiero acostumbrarme, que a mí me gusta ponerme la ropa recién planchada, me encantan las verduras al vapor, lo sencillo, lo simple, lo lógico, lo fácil. ¡Qué alguien grite desde allá fuera! ¡Qué alguien me lance una cuerda para volver! ¡Por favor! No quiero vivir aquí, está sucio y hace frío, no quiero seguir salpicado a todos los que me siguieron en el camino, ellos no se lo merecen, y lo más importante: YO no me lo merezco.
Sólo una, una última canción. Un último revolcón en el barro. Prometo que volveré. Aunque necesite ayuda, aunque todo un ejército de fregonas, escobas y ambientador a pino tengan que tirar de mí.
Pero déjame una última canción. Déjame llorar por última vez.
sábado, 24 de marzo de 2012
Si nos lo hubieran enseñado en la escuela...
Esto de procurarse la propia felicidad es realmente agotador. Debería ser una asignatura obligatoria en la escuela desde que tienes 3 años, pero claro, entonces seríamos libres, no dependeríamos de nadie ni de nada, y eso no deja de ser un poco peligroso para el sistema.
La verdad es que es mucho más fácil depender de alguien, y así poder echarle la culpa cuando algo te sale mal. Echar de menos a mamá cuando te encuentras mal, y no poder soportar que los que se encuentran a tu alrededor no te traten como una niña, desmonta todas las ilusiones en el tema de cuidar de ti misma.
Lo cierto es que hace mucho tiempo que dejé de ser una niña, pero todavía sigo buscando alguien que cuide de mí. Algunos pensarán que es falta de madurez. Yo prefiero pensar que todavía no he aprendido a hacerlo yo sola, pero que estoy en ella. Soy una luchadora nata. Llevo luchando contra mis pensamientos muchos años. A veces ganan ellos, otras, casi todas, gano yo..., aunque la batalla es dura y casi siempre quedan secuelas.
Estoy sola en la vida, todos estamos solos en la vida, aunque haya mucha gente a nuestro alrededor. Nacemos solos y morimos solos, nadie puede hacerlo por nosotros, y lo único que tenemos que esperar es nuestro propio reconocimiento, nuestra propia aceptación y que seamos nosotros los que nos cuidemos. A pesar de ello, nos pasamos media vida buscando cosas de los demás. Amigos que nos animen, parejas que nos amen y nos protejan, trabajos que nos den de comer y nos proporcionen "cosas" que acumular, porque si tenemos más, nos parece que somos más. Y cuando nos fallan, cuando no nos dan lo que necesitamos en cada momento, nos rebelamos contra ellos, pensamos que nos han engañado, que no son buenos para nosotros, que nos han traicionado.
Si no esperamos nada de nadie, ni de nada, no habrá nada que nos decepcione. Si aguantamos un dolor de muelas sin llamar a mamá para que nos consuele, si nos miramos al espejo y nos piropeamos y no esperamos a que llegue nuestra pareja a casa para decirnos lo guapas que estamos, si no necesitamos un gran coche, o una gran casa o el último artilugio tecnológico del mercado para sentir que los demás nos valoran, habremos dado un paso muy grande. Pero eso no lo enseñan en la escuela. No nos lo enseñan en casa. No nos lo cuentan cuando llegamos a este mundo. Y cuando quieres hacerlo, es duro, es difícil, es incómodo.
Y desfalleces, y lo mandas todo a la mierda, y vuelves a los viejos hábitos de echar la culpa a ese hombre que no me da lo que yo necesito, a ese trabajo en el que no te sientes valorada, a ese amigo que no te ha llamado para felicitarte. Es más sencillo, más cómodo y menos responsable.
Si nos lo hubieran enseñado en la escuela...
La verdad es que es mucho más fácil depender de alguien, y así poder echarle la culpa cuando algo te sale mal. Echar de menos a mamá cuando te encuentras mal, y no poder soportar que los que se encuentran a tu alrededor no te traten como una niña, desmonta todas las ilusiones en el tema de cuidar de ti misma.
Lo cierto es que hace mucho tiempo que dejé de ser una niña, pero todavía sigo buscando alguien que cuide de mí. Algunos pensarán que es falta de madurez. Yo prefiero pensar que todavía no he aprendido a hacerlo yo sola, pero que estoy en ella. Soy una luchadora nata. Llevo luchando contra mis pensamientos muchos años. A veces ganan ellos, otras, casi todas, gano yo..., aunque la batalla es dura y casi siempre quedan secuelas.
Estoy sola en la vida, todos estamos solos en la vida, aunque haya mucha gente a nuestro alrededor. Nacemos solos y morimos solos, nadie puede hacerlo por nosotros, y lo único que tenemos que esperar es nuestro propio reconocimiento, nuestra propia aceptación y que seamos nosotros los que nos cuidemos. A pesar de ello, nos pasamos media vida buscando cosas de los demás. Amigos que nos animen, parejas que nos amen y nos protejan, trabajos que nos den de comer y nos proporcionen "cosas" que acumular, porque si tenemos más, nos parece que somos más. Y cuando nos fallan, cuando no nos dan lo que necesitamos en cada momento, nos rebelamos contra ellos, pensamos que nos han engañado, que no son buenos para nosotros, que nos han traicionado.
Si no esperamos nada de nadie, ni de nada, no habrá nada que nos decepcione. Si aguantamos un dolor de muelas sin llamar a mamá para que nos consuele, si nos miramos al espejo y nos piropeamos y no esperamos a que llegue nuestra pareja a casa para decirnos lo guapas que estamos, si no necesitamos un gran coche, o una gran casa o el último artilugio tecnológico del mercado para sentir que los demás nos valoran, habremos dado un paso muy grande. Pero eso no lo enseñan en la escuela. No nos lo enseñan en casa. No nos lo cuentan cuando llegamos a este mundo. Y cuando quieres hacerlo, es duro, es difícil, es incómodo.
Y desfalleces, y lo mandas todo a la mierda, y vuelves a los viejos hábitos de echar la culpa a ese hombre que no me da lo que yo necesito, a ese trabajo en el que no te sientes valorada, a ese amigo que no te ha llamado para felicitarte. Es más sencillo, más cómodo y menos responsable.
Si nos lo hubieran enseñado en la escuela...
martes, 20 de marzo de 2012
¿Quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos?
¿Quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos?
¿Estamos solos en la galaxia o acompañados?
Siniestro Total - ¿Quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos? - Ante todo mucha calma
El sábado me fui a tomar unas copas. Ya tocaba. Hacía muchos días que no lo hacía y ya tocaba. El caso es que para la ocasión me vestí con un vestido negro, unas medias negras, unos zapatos de tacón negros y una cazadora negra de cuero. También me hice los ojos ahumados (en negro por supuesto). Mi acompañante en la aventura "borrachil", a la sazón, el mismo de siempre, vistió camisa negra, pantalones negros ajustados tipo Mario Vaquerizo, zapatos negros y cazadora negra de cuero.
Ante tal despliegue de oscuridad por parte de ambos vino a mi cabeza, sin yo poder evitarlo aquella canción de Loquillo que se llamaba "El hombre de negro". La canción la grabó Loquillo en el año 93 y aunque después la reeditó en el 2009 cantando y grabando un vídeo con Urrutia, Calamaro y Búmbury, (yo esto no lo sabía, ni había escuchado la versión, lo he descubierto investigando el año de grabación de la canción), hacía muchos años que no la escuchaba en ninguna parte, probablemente desde la primera grabación, no es una canción que se encuentre en mi colección y tampoco la ponen en los bares por los que circulo.
Pues eso, que me fui de copas un ratito, y acabé como casi siempre en "La Alcahueta". Podría decir que me sé las canciones que tienen en el ordenador y discos de "La Alcahueta", como la tabla del 1 y no sería exagerar demasiado. Sin embargo, el sábado, Vanessa (la pinchadiscos que se decía en mis tiempos), nos deleitó con una aproximación al country que hizo Loquillo en el año 93: El hombre de negro.
A veces me pasan estas cosas, nos pasan a todos. Piensas en alguien que hace tiempo que no ves y de repente te pide amistad en el facebook, o te lo encuentras por la calle, o te llama por teléfono. Te levantas pensando en una película, y la ponen esa noche por la tele, o te pasa lo que a mí, canturreas una canción que no oías hace tiempo y la ponen en tu bar de referencia.
A lo mejor la gente pasa de estas cosas, pero a mí todo esto me hace pensar. ¿Existen las casualidades? ¿Las cosas pasan por algo? ¿Tenía razón Earl al intentar tachar las acciones "malas" de su vida de una lista para que el Karma fuera bueno con él?
No lo sé, pero todo esto me hace pensar en otra canción. Espero que no le de por perseguirme mucho:
¿Estamos solos en la galaxia o acompañados?
Siniestro Total - ¿Quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos? - Ante todo mucha calma
El sábado me fui a tomar unas copas. Ya tocaba. Hacía muchos días que no lo hacía y ya tocaba. El caso es que para la ocasión me vestí con un vestido negro, unas medias negras, unos zapatos de tacón negros y una cazadora negra de cuero. También me hice los ojos ahumados (en negro por supuesto). Mi acompañante en la aventura "borrachil", a la sazón, el mismo de siempre, vistió camisa negra, pantalones negros ajustados tipo Mario Vaquerizo, zapatos negros y cazadora negra de cuero.
Ante tal despliegue de oscuridad por parte de ambos vino a mi cabeza, sin yo poder evitarlo aquella canción de Loquillo que se llamaba "El hombre de negro". La canción la grabó Loquillo en el año 93 y aunque después la reeditó en el 2009 cantando y grabando un vídeo con Urrutia, Calamaro y Búmbury, (yo esto no lo sabía, ni había escuchado la versión, lo he descubierto investigando el año de grabación de la canción), hacía muchos años que no la escuchaba en ninguna parte, probablemente desde la primera grabación, no es una canción que se encuentre en mi colección y tampoco la ponen en los bares por los que circulo.
Pues eso, que me fui de copas un ratito, y acabé como casi siempre en "La Alcahueta". Podría decir que me sé las canciones que tienen en el ordenador y discos de "La Alcahueta", como la tabla del 1 y no sería exagerar demasiado. Sin embargo, el sábado, Vanessa (la pinchadiscos que se decía en mis tiempos), nos deleitó con una aproximación al country que hizo Loquillo en el año 93: El hombre de negro.
A veces me pasan estas cosas, nos pasan a todos. Piensas en alguien que hace tiempo que no ves y de repente te pide amistad en el facebook, o te lo encuentras por la calle, o te llama por teléfono. Te levantas pensando en una película, y la ponen esa noche por la tele, o te pasa lo que a mí, canturreas una canción que no oías hace tiempo y la ponen en tu bar de referencia.
A lo mejor la gente pasa de estas cosas, pero a mí todo esto me hace pensar. ¿Existen las casualidades? ¿Las cosas pasan por algo? ¿Tenía razón Earl al intentar tachar las acciones "malas" de su vida de una lista para que el Karma fuera bueno con él?
No lo sé, pero todo esto me hace pensar en otra canción. Espero que no le de por perseguirme mucho:
jueves, 8 de marzo de 2012
Me encanta ser mujer
Hoy celebramos el día internacional de la mujer. Muchas mujeres pasan por alto este día. Se supone que la igualdad entre ambos sexos ha llegado a un punto en el que no es necesario celebrar un día internacional de nada y que eso es un síntoma de normalización de las cosas. Para otras, es un día todavía reivindicativo, para ellas está claro que todavía la igualdad no es un hecho, las desigualdades en los salarios, la escasa participación de muchos hombres en las tareas del hogar y en el cuidado de los niños, y el uso de algunas mujeres como objetos siguen siendo un motivo suficiente para seguir luchando. Para mí, es fundamentalmente, un homenaje a todas esas mujeres que lucharon por conseguir determinados hitos que hoy en día consideramos conquistados, como por ejemplo el derecho al sufragio. También es un homenaje a todas aquellas mujeres, que desde el anonimato, consiguen hacerse valer en un mundo que sigue estando manejado por los hombres.
A mí me encanta ser mujer, e intento llevar mi "lucha" en los aspectos cotidianos de la vida. Si quieres hacerlo como yo ahí van algunas de mis creencias.
A mí me encanta ser mujer, e intento llevar mi "lucha" en los aspectos cotidianos de la vida. Si quieres hacerlo como yo ahí van algunas de mis creencias.
- Maquíllate si te gusta, y si no te gusta, pues no lo hagas. Has de hacer las cosas para sentirte bien contigo misma, y no para los demás.
- No dejes que tu jefe, tu marido, o tu pareja, te digan cómo debes vestir o no. Si te gusta ir con un escote pronunciado, póntelo, si no te gustan los tacones, no los lleves. Tú eres tú, eres única e irrepetible y nadie debe decirte cómo debes ser.
- Tus hijos son tu responsabilidad, pero no sólo tuya. Lo más normal es que tengan un padre. Hazle partícipe de su educación. No pretendas estar pendiente de todo en todo momento. Relájate. No puedes controlarlo todo. Y nunca te sientas culpable por hacerlo.
- En el trabajo tienes derecho a unas horas para llevar a tus hijos al médico. Si necesitas hacerlo (espero que no), hazlo. Es tu derecho. Si respetas tus derechos te será más fácil respetar los de los demás.
- Mucha gente dice que las mujeres nos llevamos mal entre nosotras. Ponlo en duda. ¿Acaso no tienes una mejor amiga? Si las mujeres dejamos de criticarnos unas a otras y nos dedicamos un poco más a comprendernos, quizá el mundo irá un poco mejor.
- Si te gusta un chico, díselo. No, no es necesario que sea él quien lo diga. Si quieres que vaya a pasar la noche contigo, díselo también, y si por eso cree que eres una fresca, es que el tío en cuestión no merece la pena. Y no te olvides de los anticonceptivos, que luego el marrón es todo tuyo.
- Intenta educar a tus hijos en un clima de igualdad. Si tu hijo varón se hace la cama y la deja arrugada, no la deshagas para volver a hacerla. Nadie nace aprendido, ya la hará mejor, te lo digo por experiencia.
- Toma tu propias decisiones. No te puedes imaginar lo bien que sienta. Además, si te equivocas, asumirás tu responsabilidad y no tendrás que culpar a nadie.
- Cuida tu cuerpo. Sólo tienes uno para toda la vida, y cada vez se vive más. Si tienes hijos, trabajo y una casa que cuidar, busca 30 minutos al día para ti. Si quieres los tendrás. Da un paseo, relájate leyendo un libro o canta flamenco. Tener tiempo para una misma es fundamental si no quieres volverte loca.
Estas son mis creencias, (seguro que hay alguna más y ahora no me viene a la cabeza), si te gustan, te las presto, y si no te gustan, seguro que las tuyas son igual de perfectas para ti.
En cualquier caso, si como a mí, te encanta ser mujer..., hoy es tu día (uno de tantos). ¡Felicidades!
martes, 28 de febrero de 2012
SONRÍE, SIEMPRE SONRÍE
Pase lo que pase, siempre hay algo por lo que sonreír. Puede ser algo muy grande o realmente pequeñito, pero que te proporciona una enorme felicidad.
¿Veías El coro de la cárcel? Yo lo vi muy pocas veces, quizá sólo una o dos, y nunca completo, pero era alucinante ver el entusiasmo que le ponían los presos, unas personas que seguramente lo habían pasado mal en la vida, y que no tenían libertad (no lo que el común de los mortales entiende por libertad), a la actividad.
También en países pobres, como por ejemplo Cuba, he visto con mis propios ojos a gente que no tenía casi ni para comer, que se quejaban de la cartilla de racionamiento, que agradecían un caramelo como si fuera el mayor tesoro del mundo, bailando a todas horas y con una eterna sonrisa en la boca.
¿Qué tipo de vida queremos? Nos levantamos temprano, de mal humor porque normalmente hemos descansado poco o mal, gritamos a los niños porque llegamos tarde, nos enfadamos en el semáforo porque el conductor que nos precede no ha arrancado el coche en el primer milisegundo después de la luz verde, nos tomamos el café con prisas, intentamos esquivar a nuestro jefe, nos estresamos porque la vajilla no puede quedarse sin fregar después de comer. ¡Es agotador! No es de extrañar que no tengamos tiempo para sonreír, ¡vamos todo el día corriendo! ¿Dónde queda la sonrisa?
¿Nos hemos parado alguna vez a pensar que nada es eterno?
¡NI SIQUIERA NOSOTROS!
Porque, señores, siento la mala noticia: NO SOMOS ETERNOS. Todos moriremos, la muerte es parte de la vida. No sabemos cómo, ni cuándo, ni dónde, pero es inevitable. Nada es eterno.
Ni la bonanza económica, ni las dificultados, ni la pasión por tu pareja, ni la ausencia de amor. Nada dura eternamente. La vida está en constante movimiento y nosotros también. Lo que pensamos hoy, no es lo mismo que lo que pensaremos mañana, y lo que pensemos mañana, no tendrá nada que ver con lo que pensemos dentro de un año. No hay verdades, lo único que es verdad es lo que crees ahora, en este mismo instante. Tenemos mil ejemplos de ésto.
Personas que han sido muy activas socialmente y con el paso de los años se han ido encerrando.
Comunistas jóvenes que se volvieron ultra-conservadores.
Gruñones que se vuelven amables después de una enfermedad.
Católicos que se divorcian porque se han enamorado de alguien de su mismo sexo.
Las personas cambian, porque están influidas por el entorno, y el entorno cambia, porque está influido por las personas. Nuestros hijos, aquellos niños indefensos a los que teníamos que alimentar cuando eran bebés, se hacen adultos y toman su propio rumbo, a veces en otras ciudades, lejos de nosotros. Ni siquiera a ellos podemos conservarlos eternamente a nuestro lado.
Así que, como estrategia, en un momento malo, lo primero que podemos pensar es que TODO CAMBIA. No sabemos qué será lo que produzca ese cambio, pero si podemos pensar en éso, y creerlo de verdad, nos estaremos quitando un gran peso de encima. Estaremos eliminando buena parte de la presión que teníamos y seguro que así, encontramos muchas más cosas por las que sonreír.
Porque vas en el autobús y un bebé te hace una pedorreta..., porque suena por la radio una canción que te recuerda alguna situación bonita o divertida..., porque descubres que te caben los vaqueros del verano pasado..., porque te encuentras una moneda de 20 céntimos en un abrigo..., hay mil razones para sonreír.
Yo quiero vivir la vida como si fuera un programa de televisión de fin de año. Salen un montón de artistas y dura toda una noche. Algunos de los cantantes te gustan y otros no. Con los que te gustan: bailas, cantas, disfrutas. Con los que no te gustan: cambias el canal, esperas que se termine la canción o simplemente hablas con las personas que tienes al tu alrededor. Y si estás solo..., lo comentas en twitter.
Es decir, ignoras a los que no te gustan.
Cierto es, que no puedes ignorar una enfermedad, por poner un ejemplo extremo, pero también es verdad que puedes aprender a confiar en los médicos, o darle la importancia que se merece (no podemos hundirnos por un resfriado). Y cuando tengas salud... ¡disfrútala! ¡Disfruta de tu cuerpo!
Y siempre, siempre:
¡CELEBRA LO BUENO!
¡IGNORA LO MALO!
¡Y SONRÍE!
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