Ya lo sé, soy tremendamente repetitiva, pero estoy volviendo a leer "Cien Años de Soledad", para los que no lo hayan leído todavía, ahí va un pequeño fragmento, pero merece la pena leerlo enterito.
Tenía la ropa embadurnada de fango y de vómito. Pilar Ternera, que entonces vivía solamente con sus dos hijos menores, no le hizo ninguna pregunta. Lo llevó a la cama. Le limpió la cara con un estropajo húmedo, le quitó la ropa, y luego se desnudó por completo y bajó el mosquitero para que no la vieran sus hijos si se despertaban. Se había cansado de esperar al hombre que se quedó, a los hombres que se fueron, a los incontables hombres que erraron el camino de su casa confundidos por la incertidumbre de las barajas. En la espera se le había agrietado la piel, se le habían vaciado los senos, se le había apagado el rescoldo del corazón. Buscó a Aureliano en la oscuridad, le puso la mano en el vientre y lo besó en el cuello con una ternura maternal.
Sólo sé que no sé nada. Ignoro las motivaciones de la gente, desconozco lo que va a pasar. Solo estoy segura de una cosa, de mí misma.
lunes, 15 de octubre de 2007
viernes, 12 de octubre de 2007
Los Héroes rompen su silencio

Y yo..., que me quedé afónica de tanto gritar. Nunca me compré un disco, fui a un par de conciertos sí, pero gratuitos, sin embargo mamé sus canciones desde los 13 a los 23 años, cada sábado de marcha, cada viernes de juerga. Ayer pagué por verles, y volvería a hacerlo. Pocas veces he asistido a un montaje tan espectacular. Rock en estado puro, y recarga de pilas. Para leer mi crónica, pásate por aquí.
martes, 9 de octubre de 2007
Zacarías
Tenía 14 años y se llamaba Zacarías. Era un chico adoptado por una familia bien. Encantador, aunque con una vena macarra que hacía decir a todo el mundo aquello de "no sabemos como acabará este chico".
A los 16 años ya robaba radio casettes de los coches, atracaba farmacias y era adicto a la cocaína. Joder, era un chico encantador. A mí me decía que le gustaba que yo fuera su monitora de campamentos, porque le daba caña (por mi mala leche).
Aquel año, lo sacaron del reformatorio con medicación para el mono y la promesa de que el campamento de verano le haría bien. Teníamos que dejarle fumar (aunque no delante de los otros chicos), y darle sus medicinas. Una noche, llegó una chica gritando a la tienda de monitores. Raul, la Pi y yo, corrimos como una bala. Lo encontramos en el suelo, completamente rígido, y con convulisiones.
Mientras Amadeo conducía de noche a 100 por hora por una carretera de montaña en la que sólo se puede ir a 50, Raul, le hacía el boca boca cuando dejaba de respirar en la parte trasera de la furgoneta, y Pilar y yo corríamos a llamar al médico para avisar de que llevaban a un chico con síndrome de abstinencia. Todo pasó, pero ha sido una de las imágenes más impactantes de mi vida.
Un año o dos más tarde, lo encontramos en el barrio de Las Fuentes. De no haberlo conocído nos habríamos cambiado de acera, pero hablamos con él y lo vimos mal. Al año siguiente nos dijeron que lo habían encontrado muerto en el apartamento que compartía con su media novia yonki también. Tenía 18 años.
Hoy me he acordado de él. No sé por qué. Y me ha invadido una tremenda sensación de pena.
A los 16 años ya robaba radio casettes de los coches, atracaba farmacias y era adicto a la cocaína. Joder, era un chico encantador. A mí me decía que le gustaba que yo fuera su monitora de campamentos, porque le daba caña (por mi mala leche).
Aquel año, lo sacaron del reformatorio con medicación para el mono y la promesa de que el campamento de verano le haría bien. Teníamos que dejarle fumar (aunque no delante de los otros chicos), y darle sus medicinas. Una noche, llegó una chica gritando a la tienda de monitores. Raul, la Pi y yo, corrimos como una bala. Lo encontramos en el suelo, completamente rígido, y con convulisiones.
Mientras Amadeo conducía de noche a 100 por hora por una carretera de montaña en la que sólo se puede ir a 50, Raul, le hacía el boca boca cuando dejaba de respirar en la parte trasera de la furgoneta, y Pilar y yo corríamos a llamar al médico para avisar de que llevaban a un chico con síndrome de abstinencia. Todo pasó, pero ha sido una de las imágenes más impactantes de mi vida.
Un año o dos más tarde, lo encontramos en el barrio de Las Fuentes. De no haberlo conocído nos habríamos cambiado de acera, pero hablamos con él y lo vimos mal. Al año siguiente nos dijeron que lo habían encontrado muerto en el apartamento que compartía con su media novia yonki también. Tenía 18 años.
Hoy me he acordado de él. No sé por qué. Y me ha invadido una tremenda sensación de pena.
sábado, 6 de octubre de 2007
miércoles, 3 de octubre de 2007
Montaña Rusa
y a veces en el extremo opuesto.
Abro la boca
y cierro los labios.
No tengo grises
estoy de puta madre
o estoy echa una mierda.
Haciendo amigos
jodiendo planes.
Enjuagando mis lágrimas
aguantando la risa.
En paz conmigo misma
en guerra con el mundo.
Temiendo la vida
odiando la muerte.
No es de extrañar
que no me quieras
si ni yo misma me aclaro.
PD.- Un día un amigo llamado Jordi, me dijo: "¿Ana, de verdad te lo crees? Me refiero a cuando dices que tú eres muy sencilla, nada complicada..."
lunes, 1 de octubre de 2007
Ropa Tendida
De un tiempo a esta parte, nos hemos vuelto muy "de puertas para adentro". La ciudad se ha convertido en una sucesión de bloques de hormigón que no te dan ninguna pista acerca de lo que está pasando en cada uno de los hogares que los componen. Y eso me jode. Sí, porque una es de natural curiosón, y además un simple gesto de alguien en su casa, te puede dar pie a imaginar una historia, un final de algo, o un principio, o lo que quieras.
No, no soy "maruja jarrón", y además, me importa un pimiento lo que la gente haga con su vida. Pero me gusta ver las persianas arriba, esas que dejan ver a una mujer tocando el piano, a otra poniendo la mesa, o leyendo un libro.
Tampoco vamos al mercado. Casi todo lo compramos en grandes centros comerciales, porque no tenemos tiempo para ir de un lado para otro; aquí la carne, aquí el pescado, la verdura, las conservas. Vamos, que en Carrefour te lo compras todo de vez, incluso la ropa. Lo del mercado es una pena, porque había un cierto marujeo entre vecinas que se agradecía. Porque el de la verdura ya sabía cómo te gustaban los tomates, y por mil cosas más.
Pero si hay algo que realmente hecho de menos de mi niñez, es la ropa tendida. Ahora no se puede tender hacia la calle, porque es anti estético, y sin embargo, proporcionaba información muy valiosa. En alguna casa había un hincha del Real Zaragoza, y en otra una mujer llevaba la talla 110 de sujetador. En la siguiente tenían dos niños (niño y niña para ser exactos), y al vecino del quinto le debía encantar esa camiseta naranja que tanto lavaba y lavaba.
Vamos, que nos lo están poniendo difícil a los que siempre tenemos que estar pensando en algo. Habrá que indagar otra manera de buscar información.
El gato Ramón
Era gata. No entiendo muy bien por qué, pero fue bautizada como "El Gato Ramón", debe ser porque con solo nombrarla mi perrita se tenía que morir del susto. Al fin y al cabo, Nuka es un labrador retriever, y los labradores retriever de normal son bonachones, les darían el premio Nobel de la Paz de los perros y puedo asegurar que Nuka es pura raza.
El caso es que estábamos dando un paseo por Ansó, cuando de repente apareció. El Gato Ramón, se lanzó implacable contra Nuka, sin que ésta hubiera hecho nada, y por supuesto sin que a partir de entonces, hiciera nada para defenderse, salvo esconderse detrás de Raul.
Raul, el pobre, fué el más damnificado. La gata "El Gato Ramón", le arañó la pierna, y no contenta con ello, le mordió. Raul agitaba las piernas, sin conseguir que el Gato Ramón, se soltara y ante la mirada de pánico de Nuka, que se había soltado de la correa y contemplaba la escena desde lo alto de la cuesta.
El Gato Ramón había sido mamá. Se sintió amenazada, y atacó. En aquel momento no la entendí. Nuka ni había hecho nada, ni intención tenía de hacerlo. Ahora 5 años más tarde, la entiendo. Las que somos un poco Gato Ramón, sacamos las uñas cuando nos sentimos amenazadas, utilizadas o pisoteadas. Solo espero que no me pase como al Gato Ramón, y no me precipite.
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