miércoles, 13 de mayo de 2009

Tanto tienes, tanto vales

Me queda poco, muy poco. En breves, me quedaré sin casa, ya no tengo sofás, ni mesa donde comer. Lo hago en la encimera de la cocina, las judías verdes que mi madre me ha traído, y que me saben a gloria, a pesar de que nunca me han gustado mucho las judías verdes.

También me quedaré sin internet, no sé por cuánto tiempo, aunque en estos momentos es lo que menos me preocupa.

No me quejaré. Yo lo he buscado. Yo he decidido esto. He querido pasar de una vida cómoda a una llena de sobresaltos, pero quizás no pensé lo suficiente en ellos, y ahora no temo por mí, sino por ellos. O sí, es por mí, porque a ellos no les faltará nada.

He decidido que mi máxima prioridad tiene que ser un trabajo antes que un piso. Bueno, ambas cosas son urgentes.

Estoy un poco bloqueada, no sé muy bien por dónde empezar, y además no tengo muchas ganas de empezar. Lo único que me apetece es echarme a dormir, esconder la cabeza y no coger el toro por los cuernos, pero eso no serviría de nada. Hace tiempo que dejé de creer en los milagros y de mirar al cielo buscando una respuesta.

Alguna vez, he escrito algún post acerca de la amistad. De que sólo es cierta cuando hay un intercambio de intereses. Espero equivocarme, porque si no, lo tengo claro.

Sirva este post de despedida temporal, aunque siga escribiendo cosas, porque el día que me toque hacerlo de verdad, no sé si tendré valor.

martes, 12 de mayo de 2009

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lunes, 11 de mayo de 2009

Te regalaré mi tiempo.

Ya hace algunos meses que recibí este relato. Era un regalo, hecho para mí, por una amiga con muchísimo talento. Iba a colgarlo en su día, pero no lo hice. Supongo que las cosas tienen su momento.

Creo que ha sido esta noche, al pisar el andén de la Estación Delicias, tras ocupar más de cuatro horas en viajar de Barcelona a Zaragoza, en un tren, que podría haber sido el escenario de una novela de asesinatos, con un detective tipo Hercules Poirot, o de una historia de amor, de esas que terminan mal, cuando he decidido que era su momento.

Porque a veces, los cuentos se hacen realidad, aunque sea una pequeña parte. Gracias a ella por el regalo, y a él por hacerme olvidar un rato la tristeza, por regalarme parte de su tiempo.

TE REGALARÉ MI TIEMPO

Por favor, que no se siente a mi lado. Eso es lo que pensó Ana cuando vio acercarse por el pasillo del tren a un hombre de una edad indefinida, entre los treinta y los cuarenta, bien vestido y con barba de dos días, que buscaba con la mirada los números de los asientos.
El viaje duraría varias horas y estaba demasiado triste para compartir su espacio con nadie. Maldita la hora en que se le ocurrió hacer quinientos kilómetros para darle una sorpresa a Germán. Apenas llevaban casados un año y hacía semanas que hablaban de culminar su amor con un embarazo. ¿Amor? Ana se imaginó convertida en la protagonista de unos dibujos animados. Un malvado brujo le introducía con fuerza la mano en el pecho y le arrancaba el corazón para después pisotearlo con saña. Sonrió al pensarlo, aunque su sonrisa fuese una mueca de dolor infinito.
Comprobó que el viajero se estaba acomodando en el asiento contiguo al suyo y disimuló su disgusto abriendo el libro que reposaba en su regazo, sin ninguna intención de leer. Quizás su compañero se daría por aludido y desistiría de darle conversación.
- Deberías darle la vuelta
-¿Perdona?
- Tienes el libro al revés
Hace falta ser tonta. No sólo le había hablado sino que había sido ella misma la que le había puesto en bandeja la excusa perfecta para hacerlo. Ahora seguro que tendría que aguantar una disertación sobre el calor que hacía a pesar de estar avanzado el otoño o, lo que era peor, sobre lo desgraciado que era en su matrimonio porque su mujer no le entendía, en un patético intento de ligar con ella. No era la primera vez que algo así le pasaba.
Pero se equivocó, porque el desconocido no dio muestras ni de una cosa ni de la otra. Se limitó a conectar sus auriculares en el lugar del asiento dispuesto para ello y dedicó unos instantes a pulsar repetidamente los botones de las diferentes emisoras, hasta que encontró una de su agrado.
Ana cerró los ojos. Quería dormir, dormir y despertar sintiendo que lo vivido las últimas horas sólo había sido un mal sueño. Le encantaría poder disponer de una goma de borrar gigantesca, penetrar en su cerebro, y frotar con ella el momento en el que Germán le abrió la puerta del hotel dejando vislumbrar tras de sí la silueta de una mujer desnuda en su cama. Ya no te quiero, lo nuestro es sólo costumbre ¿no me dirás que no te habías dado cuenta? Borraría y borraría hasta que sangraran sus dedos, hasta eliminar cualquier rastro, por mínimo que fuera, de todas esas palabras que se habían clavado en ella como dardos envenenados.
No se dio cuenta de que estaba llorando hasta que desde el asiento de al lado le tendieron un pañuelo.
- No sé quien te habrá dicho que las lágrimas embellecen los ojos, pero no te lo creas. Eso sólo ocurre cuando son de felicidad, y créeme, ellos saben distinguirlas. Cuando son de pena mandan al pintor de ojos que suban dos o tres tonos el color de los párpados, y por eso adquieren ese tono violeta; en cambio, cuando la dicha es la que te hace llorar, ordenan al maestro de brillos que las lágrimas reluzcan como diamantes, concediendo al rostro una pátina de belleza sin igual.
- Hablas como si fueras un poeta
El hombre rió con ganas y Ana deseó con todas sus fuerzas ser capaz de hacer lo mismo.
-¡Qué más quisiera yo! Me dedico a vender tiempo a todo aquel que cree que no lo tiene.
-¿El tiempo se compra?
-¿Cuántas veces has oído decir no tengo tiempo para eso, no me dedicas suficiente tiempo, no me hagas perder el tiempo? Seguramente tú lo habrás dicho más de una vez. Hay gente que no tiene tiempo de dar un beso de buenos días, de ser educado o amable, de disfrutar de una puesta de sol, de deambular sin rumbo por una librería, de comprar unas flores, de compartir una película comiendo palomitas... Hay incluso personas que no disponen de tiempo para vivir ni para amar.
Ana no había conocido nunca a nadie tan peculiar e interiormente se alegró de que el azar lo hubiera sentado junto a ella. Sin saber por qué se encontró contándole lo desgraciada que se sentía por la traición de Germán, pero se sorprendió a sí misma haciéndolo sin llorar, en calma. Mientras las ventanillas del tren iban saludando a árboles y ciudades, ella le fue desgranando poco a poco su vida entera. No sabría decir en qué parte de la conversación las manos de él se habían entrelazado con las suyas.
Él le contó que tenía una guitarra, un gato y una bufanda. Le contó que componía canciones, que daba de beber al sediento, que besaba muy bien. Le contó también que tenía una cicatriz en la rodilla, un par de calcetines de lana y un puzzle sin terminar.
Minutos antes de entrar en la estación, Ana se dio cuenta de que se había enamorado y no supo qué hacer con esa sensación.
- Tengo miedo.
Y lo dijo mientras él le pasaba el dedo índice por la frente, por la nariz, por la boca, por el cuello.
- El único miedo que yo tengo es salir de este vagón y no volver a sentir en toda mi vida lo que siento estando contigo. Te daré un folio en blanco para que escribas tus mañanas. Te besaré por las noches. Te regalaré mi tiempo.

domingo, 10 de mayo de 2009

Mezclando cosas.

Una, dos y tres.

Un buzón de voz.

Dos cervezas.

Tres canciones.

Desde Barna, con amor.

lunes, 27 de abril de 2009

Mirando hacia otro lado


Mucho tiempo después de decir que estabas mirando hacia otro lado, has conseguido hacerlo. Hacerlo de verdad, sin echar de reojo la vista hacia atrás, y estás contenta.

Contenta porque te da igual, contenta porque no necesitas ni siquiera las canciones que lo recuerdan, contenta porque tienes ganas de mirar hacia adelante.

Quizá, tuvo que ver..., no, seguro que tuvo que ver, aunque no quieras admitirlo.

Pero miras hacia adelante, saboreando el presente, con miedo sí, pero saboreándolo.

Hoy nostalgia, pero del presente. ¿Se puede tener nostalgia del presente? ¿Y del futuro? ¿Es nostalgia de la buena?

Un sabor de boca dulce, o agridulce, no lo tienes muy claro, porque sabes que alguien tenía razón, cuando vaticinó tu futuro, pero estás dispuesta a cambiarlo.

Tiempo de mariposas en el estómago, de otras mariposas, no de las de las películas románticas, porque sí, existen esas otras.

Disfruta, y no tengas miedo, aunque no logres entender, por qué te gusta tanto.

domingo, 12 de abril de 2009

Qué quiere decir un hombre cuando dice...

Siguiendo la misma tónica que en el exitoso post (y digo exitoso porque es con mucho el más leído de todo el blog), ¿Cómo enamorar a un hombre?, voy a intentar desvelar lo que quiere decir un hombre cuando dice determinadas cosas. Y todo, por la misma razón que en el anterior, por un texto justamente contrario. Es éste:

9 PALABRAS (PELIGROSAS) QUE LAS MUJERES UTILIZAN.

1.) OK: Esta es la palabra que las mujeres utilizan para finalizar una discusión cuando han decidido que ellas tienen la razón y que tú eres un bocazas.

2.) CINCO MINUTOS: A) sí ella se está arreglando, significa MEDIA HORA, pero… b) Si te ha pedido que la ayudes en algo, son exactamente cinco minutos.

3.) NADA: Es la calma antes de la tormenta. Significa ALGO ydeberías estar totalmente alerta. Las discusiones que empiezan con NADA, normalmente acaban con OK (Ver punto 1).

4.) NO HAY PROBLEMA, ADELANTE -HAZLO o NO-NO ME MOLESTA: Es un reto, y para nada el permiso de que hagas lo que estas planeando. Ni se te ocurra hacerlo! Si lo haces, te la guardará seguro.

5.) GRAN SUSPIRO: En realidad, el suspiro es una palabra; pero habitualmente los hombres no la entienden. Un suspiro alto y claro significa que ella piensa que eres idiota y se pregunta porqué esta perdiendo el tiempo discutiendo por NADA (Ver punto 3
para entender el significado de NADA).

6.) MUY BIEN: Esta es una de las frases más peligrosas que una mujer puede decir a un hombre. MUY BIEN significa que ella meditará cuidadosamente antes de decidir cómo y cuándo pagarás por tu equivocación.

7.) GRACIAS: Si una mujer te agradece algo, no preguntes, no te sorprendas, no dudes, solo di DE NADA y hazte el tonto.

8.) ES IGUAL o ME DA LO MISMO: Es la forma femenina de mandarte a tomar por el culo.

9.) TRANQUILO, LO HE ENTENDIDO: Otra frase peligrosa que significa que aunque la mujer, le ha dicho al hombre en repetidas ocasiones que haga algo, finalmente termina haciéndolo ella misma. Esto, más tarde empujará al hombre a preguntar: ¿QUÉ PASA? Para saber la respuesta de la mujer, ver punto3.

¿Y ellos? ¿Son realmente claros cuando hablan? Yo creo que no. Pondré sólo 5 ejemplos.

1.- Te llamo: Te llamo es peligrosísimo. Significa más o menos: ni se te ocurra llamarme, que paso de ti, y si algún día quiero sexo pues ya me pondré en contacto contigo. Si un hombre te dice "Te llamo" con ese tonillo especial, prueba a decirle: mejor te llamo yo, y verás.

2.- Me gustaría seguir siendo amigos: Significa más o menos: ni se te ocurra llamarme, que paso de ti, y si algún día quiero sexo pues ya me pondré en contacto contigo.

3.- No es por ti, es por mí. Significa: Es por ti, nena, no lo dudes. Si va acompañado de un "pero podemos seguir siendo amigos", entonces significa lo mismo que las dos anteriores.

4.- Deberíamos salir más con los amigos: Significa más o menos: ni se te ocurra llamarme, que paso de ti, y si algún día quiero sexo pues ya me pondré en contacto contigo.

5.- Es que nosotros tenemos una relación liberal: Significa más o menos: ni se te ocurra llamarme, que paso de ti, y si algún día quiero sexo pues ya me pondré en contacto contigo.

¿Resentida yo? ¡Ni de coña!

martes, 7 de abril de 2009

Huyendo

Ultimamente tengo pesadillas. Todos los días. No sé cuál es la razón. Igual me da cenar poco, que mucho, que beber leche, que tomar o no café. Sea como sea tengo pesadillas.

Anoche me harté, y a las 3 de la mañana, me puse a leer acerca de ellas. Parece ser que cuando nos despertamos en la fase REM del sueño, es cuando recordamos lo que estábamos soñando, y suele ser más común a primeras horas de la mañana. Y yo, sin embargo, las tengo nada más acostarme, y suelo despertarme a las 3.

No está muy claro el origen, pero parece que el estres y las preocupaciones pueden hacer que se tengan más. De hecho, los niños son los que más pesadillas tienen, porque es la época de más estres de la vida. Están en pleno proceso de aprendizaje, descubriendo cosas todos los días y eso hace que tengan más estres que los adultos. Aunque parezca mentira, los adultos tenemos menos estres, solo que le cambiamos el nombre a lo que deberíamos llamar responsabilidades.

Sin embargo, yo debo tener estres, porque ultimamente no hay noche que no tenga un sueño angustioso. He matado a todos mis amigos en el incendio de un teatro, he escapado de toros y vacas preocupándome sólo por mí y por nadie de mi entorno y mil cosas más. La última, la de anoche, fue una huída en toda regla.

No me creo los libros de interpretación de los sueños, y pienso más en el sentido común para interpretar éstos como un compendio de experiencias y sentimientos, así que me he puesto a analizar y a pensar de qué narices estoy huyendo en mi vida real, de qué tengo tanto miedo, y he llegado a varias conclusiones.

Para empezar, tengo miedo a dejar de fumar. Es algo que quiero hacer, pero lo alargo y lo alargo. Hace una semana que comenzé a leer el libro de Allen Car con el compromiso de dejarlo al terminar, y voy a página diaria. Supongo que huyo de él, porque me da miedo.

Huyo también de las relaciones sentimentales. Así, no me intereso por ningún hombre. Supongo que me da pánico compartir mi vida, mi casa, mis cosas con otra persona. Eso hace que todos los hombres que me pueden llegar a interesar de una manera u otra, estén o bien a kilómetros de distancia, o bien emparejados o ellos mismos huyan del compromiso.

Tengo miedo al cambio de residencia, y supongo que yo misma me pongo trabas y alargo trámites.

Supongo que el día que mis miedos y pensamientos cambien, todo irá por el camino que tiene que ir, pero para eso tengo que dejar de huír. Coger el toro por los cuernos y enfrentarme a mis miedos. Supongo que es cuestión de tiempo. Todas las cosas tienen su momento, y también lo tendrá el quedarme quieta, afrontar los retos, y dejar de escapar.