Por fin están aquí las rebajas. Después de un otoño-invierno duro como ninguno, me las prometía muy felices el día 6 de Enero, pensando que este año sería diferente. Pero me equivoqué.
El lunes, salí del trabajo, y me fui a recoger a mi amiga Espe para irnos al centro.
El primer fenómeno de las rebajas, es que de repente había desaparecido toda la ropa que me gustaba de las tiendas típicas donde me suelo comprar la ropa porque es más barata. Zara, Berska, Stradivarius, Springfield, etc. Lo que estaba el día 5 ya no está, y si está es de la talla 34 o 46. Claro, cuando pregunto por una 40 de pantalón o una 42 de camiseta me miran con cara de "¿pero tú has fumaoooo? si son las primeras que se agotan!".
Eso siempre y cuando encuentre algo que me guste o no me disguste demasiado, y encontrar algo entre tal montaña de ropa la verdad es que es bastante complicado, así que lo hago a la inversa. Miro las etiquetas, y si encuentro algo de mi talla, entonces ya decido si me gusta o no.
Luego me lo pruebo, y resulta que no es de mi talla, ¡pero si es mi talla! Bueno, es mi talla en la tienda X que no quiere decir que sea mi talla en la tienda Y.
Como quiero algo distinto, que no lleve todo el mundo, y que no me haga parecer una ristra de chorizos, opto por El Corte Inglés. Entramos y pasamos directamente de "Easy Wear", y de "Fórmula joven" y nos dimos el gustazo de ir a las firmas. Ropa que normalmente no te puedes permitir, pero que en rebajas está más asequible.
Y por fin lo vi. Un vestido negro muy bonito, que encima había de mi talla, y que me lo probé y me sentaba genial. Si le metes unos zapatos queda elegante, y si le pones unas botas queda más informal. Miré la etiqueta y sólo costaba 50 euros. Y oye, es que valía 100. Lo tenían al 50%. Y cuando estaba a punto de comprármelo, la última neurona que me quedaba me dijo: "Pero Ana, tú, así, de normal, ¿te gastas 50 euros en un vestido? - mmmmm, pues no. No puedo permitírmelo (es triste, lo sé, jeje). -¿Entonces por qué vas a hacerlo ahora?"
Y no me lo compré. Y decidí tirarme a los zapatos, que es muy socorrido cuando todo lo demás no funciona. Pero tengo la suerte de poder dormir de pie, y la mala suerte de calzar un 41 largo, así que la cosa también está complicada. Me probé unos zapatos del 42 en El Corte y me valían perfectamente. Pero eran feeeeossss. Que me expliquen por qué los zapatos de mujer a partir de la talla 41 son tan feos. ¿Es que no pueden hacer el mismo un par de centímetros más largo? Pues no, tienen que hacerlos más feos, más antiguos, más..., no sé. Más de abuela.
Así, que después de toda una tarde y parte de la del día siguiente dándole vueltas a las tiendas, la cosa acabó como siempre. Mi amiga volvió con bolsas a casa y yo de vacío.
Pero no me rindo, y queda aún mucho tiempo, y la semana que viene me espera el mayor centro comercial de Aragón. Tiembla Plaza, que llega Ana.