lunes, 5 de noviembre de 2007

¿Supersticiosa? No, que da mala suerte.

No soy supersticiosa.

Esta afirmación tan categórica la hace muchísima gente cuando sale el tema en cuestión. Yo soy la primera que la hago. Pero si me paro a pensar, es posible que llegue a la conclusión de que es una afirmación cuando menos sospechosa.
Es cierto, no tengo problemas al pasar debajo de los andamios, visto de amarillo con cierta frecuencia y los gatos negros no me quitan el sueño. Entonces qué demonios significa esto:

1.- Cuando estudiaba la carrera, antes de un examen tenía que escuchar obligatoriamente una canción, si no, pues suspendía (o eso pensaba yo). Era esta:




2.- Siempre que una avispa o abeja pasan cerca de mí, me muerdo la lengua por la creencia de que así no me picará, y si me pica, me hago una cruz con la uña encima del picotazo. Estoy tonta ¿verdad?

3.- Cuando veo el futbol cruzo los dedos, y cuando los descruzo nos meten un gol. De verdad.

4.- Procuro no ir a ver la procesión del Viernes Santo de Valladolid si está mi cuñado, porque la suspenden por la lluvia.

5.- Jugando a las cartas (al guiñote para ser más exactos), no miro ninguna carta antes de que estén todas repartidas porque si lo hago son malísimas. Lo juro.

6.- Creo que ya lo conté una vez. Siempre duermo en el lado de la habitación más lejano de la puerta, porque si entra un malo malísimo, sólo matará a mi marido que duerme cerca de la puerta y a mí me dejará en paz. Je, je, je.

Bueno, pues es todo lo que se me ocurre por ahora, pero seguro que tengo más manías tontas. Supongo que como todo el mundo. El que esté libre de pecado, pues eso, ya sabe lo que tiene que hacer.

domingo, 4 de noviembre de 2007

Tarde de futbol


Nunca he hablado aquí de futbol, y es que realmente tengo un problema. Soy muy forofa. Por eso, cuando subió el Real Valladolid a primera división, a pesar de que me alegré mucho por ellos, temí que llegara el momento. Ya ha llegado. Dentro de 30 minutos tengo a casa a comer a 5 hinchas blanquivioletas. Con lo que eso conlleva. Limpia la casa. Haz comida para todos, y lo peor: Soporta los comentarios acerca de "vamos a machacar al Zaragoza se van a enterar de lo que vale un peine". A mí, estas muestras de camaradería futbolística, me parecerían hasta graciosas si no fuera porque yo soy forofa forofísima. De las que cruzaron los dedos, se mordieron las uñas y le pusieron velas a la Virgen del Pilar para que el Zaragoza se trajera la Recopa en el 95. De las que festejan los triunfos con bufanda y gritos en la Plaza de España, de las que creen que Nayim es un elegido y de las que fundamentalmente tienen el corazón blanquiazul. Por eso, temo por esta tarde de futbol. Porque siempre acabo soltando un grito. Solo espero que gane el mejor: El Zaragoza.


PD.- Dedicado a mis lectores de Pucela, jejeje

domingo, 28 de octubre de 2007

Luz



Qué maravilla!!

jueves, 25 de octubre de 2007

Circular

Esta noche he visto una película. En una de las secuencias, un chico decía que había llegado a ser arquitecto porque era la profesión frustrada de su padre, así que se empeñó en que el hijo lo fuera. Seguidamente, Raul me ha preguntado que qué quería yo que fueran nuestros hijos.
Yo, la verdad, no me lo he planteado nunca. Entre los dos hemos decidido que lo que más nos gustaría es que fueran felices. Pero, esta no es una tarea fácil. ¿O sí?
¿Qué hace falta para ser feliz? ¿Un buen trabajo? ¿Dinero? ¿Amor? ¿Un poco de todo? Quizás, lo único que se necesita es sentirse bien con uno mismo. Pero ¿cómo se consigue eso? ¿Siendo buena persona? Es posible.
Entonces, ¿cómo se consigue ser una buena persona?
Hay gente para la que ser una buena persona consiste en dar todo a los demás. Para otro, eso es ser un panoli, y no necesariamente son malas personas por eso.
Hay quien puede donar cantidades inmensas de dinero a una ONG, y luego maltratar a su pareja. Hay quién puede parecer un egoísta pero no hace daño a nadie nunca.
Entonces ¿qué es ser una buena persona?
Para mí, es no hacer a los demás lo que no te gusta que te hagan a tí. Pero, ¡qué difícil es eso!
Y no es difícil porque vayamos por la vida intentando hacer daño a los otros, no, sino porque el ser humano es racional, pero también pasional. Tenemos envidias, odios, cabreos, simpatías hacia determinadas personas, y antipatías hacia otras. Tenemos buenos y malos días. Tenemos enanos en el estómago que hacen que se nos revuelva cada vez que alguien nos hace daño, y eso nos produce rencor. Hay un montón de sentimientos que son difíciles de controlar, y que aún cuando lo conseguimos, que es casi siempre porque si no nos estaríamos liando a tiros todos los días los unos contra los otros, nos queda siempre un poso de ellos. Es decir, los controlamos pero no los eliminamos.
Así, hay días, o situaciones, en los que sin saber por qué, haces a alguien lo que no te gusta que te hagan a tí. Pero, como en el fondo, estás intentando ser buena persona, acabas con un remordimiento y una sensación de culpabilidad que no te dejan vivir. Para paliar esa sensación, muchos recurrimos a la comida, otros a las adicciones, otros a la medicación. Remedios los tres que nos hacen respetarnos menos todavía e incrementan nuestra sensación de culpa. De esta forma, al no querernos ni tratarnos bien, tratamos mal al resto de la gente, y en consecuencia, dejamos de ser buenas personas.
Voy a ponerme una nota en el frigorífico que dirá lo siguiente:
Lección número uno para aprender a ser feliz:
Saber perdonarse.

domingo, 21 de octubre de 2007

21 de Octubre de 1990

Son las 7 de la tarde, y yo tengo 16 años. Suena el tiembre y mi madre contesta. Al cabo de un segundo me dice: "Ana, que bajes, que es Raul".

En el corto trayecto del segundo piso a la calle, mis pensamientos se vuelven hacia tus palabras del día anterior. "Tiene que pasar mucho tiempo para que vuelva contigo".

Ya en la calle paseamos, dices que si quiero podemos volver. Yo me lanzo a tus brazos, y te prometo que no te dejaré nunca. Realmente no lo digo en serio. No se puede esperar mucho de una pareja de enamorados cuya canción es "Déjame" de Los Secretos.

Hoy hace 17 años. No hemos vuelto a romper. Tenemos un proyecto de vida común, dos hijos y un perro.

No te diré lo feliz que soy contigo. A veces soy feliz, a veces no. A veces te adoro, a veces te odio. Sólo una frase resume lo que siento. La dijo Sabina.

"Cuando estalle la guerra estaré en la trinchera contigo"

viernes, 19 de octubre de 2007

Cultura general


Hace ya algún tiempo que leí en el Semanal, una carta de un lector que me impactó. El lector en cuestión estaba hablando con su familia - valencianos todos -, y en la conversación salió a relucir la ciudad de Zaragoza. Su sobrino de 18 años preguntó que dónde estaba esa ciudad. Alucinado, el tío le preguntó por varias ciudades españolas más, no consiguiendo el jóven ubicarlas en el mapa de España. El tío preocupado le preguntó qué narices había dicho el día que se explicaban las ciudades en el cole, y el sobrino le contestó que esas cosas ya no se estudiaban en el cole.



Una antes era muy crédula, pero ahora me estoy volviendo un tanto escéptica. Será la edad (vease entrada anterior). El caso es que después de flipar con la carta decidí que eso tenía que ser una broma de mal gusto y lo olvidé.

Al cabo de unos meses conocí a una chica - de 40 años - que no sólo no sabía dónde estaba Bilbao, sino que además, hace dos días me preguntó que dónde estaba el Ebro, río que por cierto cruza todos los días para ir a trabajar. Sentí que mi mundo se desmoronaba.

Pero hoy he recuperado la esperanza. Sobre las 9 de la noche me he puesto a hablar con David (sí, ese pedugo de 4 añitos que vive conmigo desde que decidió salir la madrugada del 2 de Agosto de 2003). Me ha contado que había un sitio donde las calles eran de agua y no se podía ir en coche ni en autobús. Yo le he preguntado que cómo viajaban, que si iban en barco, y me ha soltado que no, que van en Góndola. Todavía con la boca abierta le he dicho: David, esa ciudad se llama Venecia, ¿sabes dónde está?. Sí, me ha contestado, en Italia.

Al fin y al cabo. No todo está perdido.

martes, 16 de octubre de 2007

La subasta de palabras

SINCERIDAD HIPOCRESÍA DIGNIDAD ODIO AMOR ALEGRÍA

La primera vez que jugué a la subasta de palabras yo debía tener unos 13 o 14 años. El jueguecito de marras consistía en eso, en una subasta de palabras. Tenías 50 puntos que debías utilizar sabiamente para quedarte con las palabras que más o menos te gustaban. Pujabas por ellas y luego ponías en común la razón por la que cada uno había elegido una palabra. Algunos elegían muchas palabras por poco dinero, otros gastaban 50 puntos en una sola palabra que les gustaba mucho. Había palabras por las que nadie pujaba. A mí particularmente me encantaba la palabra SINCERIDAD, así que solía gastar toda mi fortuna de puntos en ella.

Ahora no sé si me gastaría toda mi fortuna en esa palabra. Ahora valoro más la responsabilidad, o la dignidad, o la integridad, o qué se yo. Debe ser la edad, que influye en esas cosas y en otras. Y eso que yo nunca he creido que la edad cambie la forma de pensar, a pesar de que mi padre siempre me decía algo que había oido en alguna parte: "El que no es comunista a los 20 años no tiene corazón, el que lo es a los 50 no tiene cabeza". Sigo igual, no me lo creo todavía. Además, él tiene 61 años y todavía tiene la sangre más roja que azul. Sin embargo esto debe ser como las meigas, que haberlas hailas.

Por si acaso, revisaré mi lista de palabras, no vaya ser que un día me encuentre alabando lo que nunca quise alabar y siendo lo que nunca quise ser. Sería una pena.