No, no me he muerto. Sigo viva, pero fuera de cobertura. Hacía mucho tiempo que no estaba tan desconectada de internet. Blogs, redes sociales, messenger, etc. Hasta hace cuatro días me enteraba de los nuevos post de mis blogs favoritos casi al mismo tiempo que se escribían, y ahora, me entero cuando han pasado dos o tres días.
Es extraño darse cuenta de cómo funcionan las cosas. Cuando tienes la costumbre de hacer algo a diario parece no puedes pasar sin ello y de repente dejas de hacerlo durante unos cuantos días, y te das cuenta de que realmente no lo necesitabas tanto, y entonces lo que cuesta es volver.
Supongo que ante nuevos acontecimientos que pasan en la vida, el cuerpo y la mente, necesitan un periodo de adaptación y de reajuste de comportamientos. Poco a poco, las cosas van volviendo a su ser, y aunque no vuelvan a ser tan intensas como antes, sí que recuperan parte de su terreno.
Supongo que se me habrá olvidado cómo se escribe y supongo también que si vuelvo a escribir, recuperaré pronto la facilidad para expresar mis sentimientos y paranoias, que realmente es lo que siempre ha llenado este espacio.
No sé si seguirá leyéndome alguien, pero si estás en estos momentos aquí, te digo que no estoy muerta. Sólo de parranda.
Sólo sé que no sé nada. Ignoro las motivaciones de la gente, desconozco lo que va a pasar. Solo estoy segura de una cosa, de mí misma.
sábado, 11 de septiembre de 2010
jueves, 19 de agosto de 2010
Manda huevos
Lo de los de la compañía de gas es para echarse a temblar. Resulta que los chicos que son muy avispados, han encontrado una forma de tener liquidez a mi costa y supongo que a costa de muchos usuarios. Consiste en cobrarte una factura que no tiene nada que ver con lo que tienes que pagar, y si cuela pues cuela, y si no, pues ya te lo devolveremos en la próxima factura.
¡Con dos cojones!
Y todo esto sin pagarme intereses por usar mi dinero ni nada. ¡Así cualquiera!
Los de la junta municipal de mi barrio del ayuntamiento, han decidido cerrar la puerta media hora antes, así, sin avisar ni nada, es decir, que si el horario es hasta la 1:30, ellos cierran a la 1:00 y cuando llegas tú, toda decidida, te abren una rajita de la puerta y te preguntan qué quieres. Que digo yo, que se podían ahorrar el trámite, porque les digas lo que les digas no te van a atender.
- Es que cerramos a la 1:30.
- Ya, pero es la 1:10.
- Ya, pero con los que tenemos dentro ya hemos cubierto.
¡Con dos cojones!
Que pongan en la puerta hasta la 1:00 y arreglado.
Tengo un amigo que ha encontrado trabajo. Ocho horitas en una fábrica, en turnos de mañana, tarde y noche, y con un fantástico sueldo de 1.025 euros al mes, de los que seguramente tendrá que prestar 80 a la compañía del gas, y le descontarán otros tantos por tener que pedir un día para acudir a la junta municipal antes de la 1:oo.
¡Manda huevos!
¡Con dos cojones!
Y todo esto sin pagarme intereses por usar mi dinero ni nada. ¡Así cualquiera!
Los de la junta municipal de mi barrio del ayuntamiento, han decidido cerrar la puerta media hora antes, así, sin avisar ni nada, es decir, que si el horario es hasta la 1:30, ellos cierran a la 1:00 y cuando llegas tú, toda decidida, te abren una rajita de la puerta y te preguntan qué quieres. Que digo yo, que se podían ahorrar el trámite, porque les digas lo que les digas no te van a atender.
- Es que cerramos a la 1:30.
- Ya, pero es la 1:10.
- Ya, pero con los que tenemos dentro ya hemos cubierto.
¡Con dos cojones!
Que pongan en la puerta hasta la 1:00 y arreglado.
Tengo un amigo que ha encontrado trabajo. Ocho horitas en una fábrica, en turnos de mañana, tarde y noche, y con un fantástico sueldo de 1.025 euros al mes, de los que seguramente tendrá que prestar 80 a la compañía del gas, y le descontarán otros tantos por tener que pedir un día para acudir a la junta municipal antes de la 1:oo.
¡Manda huevos!
jueves, 22 de julio de 2010
Come come
Hay dos posibles actitudes frente a una misma sensación y una, alguna vez, quisiera poder elegir una de ellas.
Los amantes del "tú puedes", "conseguirás todo lo que te propongas", el vaso medio lleno y variantes similares, dirán que siempre se puede elegir, sin embargo, no resulta tan fácil en la realidad.
Cuando el vacío en el estómago viene generado por los sentimientos y no por el hambre, la elección no depende de ti, sino de otro factor que no conozco, con lo cual, no puedo manejarlo.
En ocasiones, ese vacío te puede dejar 3 días sin comer. Literalmente, no entra la comida, es como si alguien hubiera cerrado tu estómago con 7 llaves de estas modernas que necesitan una tarjeta para poder sacar una copia.
Otras, sin embargo, el vacío tiene que llenarse, sí o sí, y sólo se consigue comiendo en cantidades que distan mucho de ser saludables.
Y la forma de afrontarlo no responde a ningún patrón concreto. O mejor dicho, un mismo sentimiento no siempre provoca la misma reacción. Por eso es tan difícil de manejar.
Si supiera como hacerlo, estaría flaca..., o gordísima, que sobre gustos no hay nada escrito.
Los amantes del "tú puedes", "conseguirás todo lo que te propongas", el vaso medio lleno y variantes similares, dirán que siempre se puede elegir, sin embargo, no resulta tan fácil en la realidad.
Cuando el vacío en el estómago viene generado por los sentimientos y no por el hambre, la elección no depende de ti, sino de otro factor que no conozco, con lo cual, no puedo manejarlo.
En ocasiones, ese vacío te puede dejar 3 días sin comer. Literalmente, no entra la comida, es como si alguien hubiera cerrado tu estómago con 7 llaves de estas modernas que necesitan una tarjeta para poder sacar una copia.
Otras, sin embargo, el vacío tiene que llenarse, sí o sí, y sólo se consigue comiendo en cantidades que distan mucho de ser saludables.
Y la forma de afrontarlo no responde a ningún patrón concreto. O mejor dicho, un mismo sentimiento no siempre provoca la misma reacción. Por eso es tan difícil de manejar.
Si supiera como hacerlo, estaría flaca..., o gordísima, que sobre gustos no hay nada escrito.
miércoles, 7 de julio de 2010
¿Gafe yo?
Ahora que la gente se ha cansado de llamarme bipolar por mis cambios de humor (ni bipolar es tener cambios de humor, ni yo tengo tantos, por cierto), han empezado a llamarme gafe.
Y todo por un par de tropiezos tontos que he tenido ultimamente.
El 9 de Junio, sentí como se siente el jamón de york (que estamos en crisis y no es para sentirse ibérico) dentro del panecillo, porque mi coche quedó entre dos, con el correspondiente daño para mi integridad física.
El 13 de Junio me caí de un monopatín y di con mi espalda en el suelo sin poner las manos ni nada.
Y el 1 de Julio experimenté la sensación de volar por los aires con un accidente de moto.
Con tanto percance, no es de extrañar que me llamen gafe, pero si lo miramos con otros ojos, puedo pensar que soy una chica con suerte.
Del primero me quedó un leve latigazo cervical que ya casi no me duele y una marca del cinturón de seguridad en el pecho que desapareció en una semana, del segundo un moretón en el codo y un gran sentido del ridículo, y del tercero, siete puntos de sutura en la rodilla derecha, no poder bajar las escaleras con normalidad, y un pequeño dolor en el costado cuando toso.
Vamos, que teniendo en cuenta que podría haberme roto alguna vértebra al caer del monopatín, tener un dolor insoportable en la espalda por el accidente de coche o estar literalemente muerta si me hubiera caído unos metros más lejos de la moto o hubiera tenido una caída menos elegante, pues no me queda otro remedio que pensar que tengo suerte.
Eso sí. Creo que ya he cubierto el cupo de accidentes, como cubrí en su día el de robos. Según las estadísticas, las cosas no pueden hacer más que mejorar.
Que así sea.
Y todo por un par de tropiezos tontos que he tenido ultimamente.
El 9 de Junio, sentí como se siente el jamón de york (que estamos en crisis y no es para sentirse ibérico) dentro del panecillo, porque mi coche quedó entre dos, con el correspondiente daño para mi integridad física.
El 13 de Junio me caí de un monopatín y di con mi espalda en el suelo sin poner las manos ni nada.
Y el 1 de Julio experimenté la sensación de volar por los aires con un accidente de moto.
Con tanto percance, no es de extrañar que me llamen gafe, pero si lo miramos con otros ojos, puedo pensar que soy una chica con suerte.
Del primero me quedó un leve latigazo cervical que ya casi no me duele y una marca del cinturón de seguridad en el pecho que desapareció en una semana, del segundo un moretón en el codo y un gran sentido del ridículo, y del tercero, siete puntos de sutura en la rodilla derecha, no poder bajar las escaleras con normalidad, y un pequeño dolor en el costado cuando toso.
Vamos, que teniendo en cuenta que podría haberme roto alguna vértebra al caer del monopatín, tener un dolor insoportable en la espalda por el accidente de coche o estar literalemente muerta si me hubiera caído unos metros más lejos de la moto o hubiera tenido una caída menos elegante, pues no me queda otro remedio que pensar que tengo suerte.
Eso sí. Creo que ya he cubierto el cupo de accidentes, como cubrí en su día el de robos. Según las estadísticas, las cosas no pueden hacer más que mejorar.
Que así sea.
lunes, 28 de junio de 2010
domingo, 13 de junio de 2010
...
Se confunden en mi hogar los olores, sabores y dolores. Un par de meteduras de pata me mantienen amoratada y dolorida. Pero es un dolor soportable, porque sólo es físico.
El negro de mi codo hace juego con la tinta de calamar de los espaguettis y las mañanas con café con leche y tostada completa me mantienen con las pilas cargadas.
He vuelto a dormir la siesta, he vuelto a ver la tele. Mis vicios se limitan al tabaco y poco más.
La tranquilidad me la proporciona el no tener la losa de la durabilidad sobre mi cabeza. Éso hace que me relaje y que pueda disfrutar de la comida caliente de cuchara, de acostarme temprano y de cerrar los ojos viendo una película.
Las ventanas están abiertas, el sol entra sin llamar y ya no me preocupa si dejé la puerta cerrada o abierta.
Por una vez no tengo miedo. Y además, sigo sintiéndome libre.
El negro de mi codo hace juego con la tinta de calamar de los espaguettis y las mañanas con café con leche y tostada completa me mantienen con las pilas cargadas.
He vuelto a dormir la siesta, he vuelto a ver la tele. Mis vicios se limitan al tabaco y poco más.
La tranquilidad me la proporciona el no tener la losa de la durabilidad sobre mi cabeza. Éso hace que me relaje y que pueda disfrutar de la comida caliente de cuchara, de acostarme temprano y de cerrar los ojos viendo una película.
Las ventanas están abiertas, el sol entra sin llamar y ya no me preocupa si dejé la puerta cerrada o abierta.
Por una vez no tengo miedo. Y además, sigo sintiéndome libre.
lunes, 31 de mayo de 2010
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