Hay una razón, y yo diría una única razón de peso, para salir de casa un día que no te apetece nada, que además estás fastidiada del estómago y que estás tranquila y a gusto en el sofá: Te has quedado sin papel higiénico.
Ya, ya sé que hay gente que nunca se queda sin papel higiénico, ni sin tabaco. Personas previsoras. Yo no soy de ésas personas. De hecho, yo nunca llevo pañuelos de papel en el bolso, dinero en la cartera, ni un neceser pequeñito con máscara de pestañas por si las moscas.
Así que me ha tocado salir. A las 8 de la tarde y con un calor tremendo para estas fechas.
He pensado en ir hasta Mercadona, que aunque me cae un poco más lejos de casa que el Lidl, (cinco minutos más lejos para ser más exactos), tiene más artículos de higiene y así aprovechaba para comprar un par de cepillos de dientes y pasta dental que también me hacían falta.
Pero, cosas del destino, al llegar a la altura del lidel, el semáforo estaba verde para los peatones, así que he cambiado mis planes sobre la marcha.
En la puerta del lidl siempre hay alguien pidiendo limosna o vendiendo La Farola y todo el mundo pasa de largo sin mirar (yo incluida), así que eso es lo que he hecho y he entrado a comprar.
Al final, además del papel he cogido una docena de huevos, un paquete de morenazos, azúcar, dos cepillos de dientes, un tubo de pasta (de dientes), pan de molde y un paquetito de bífidus para beber de marca blanca.
Total de la cuenta: 8,04.
Como he dicho antes, nunca llevo dinero en la cartera, así que he sacado la tarjeta y el carné de identidad, toda confiada, recibiendo por respuesta un "no se puede pagar con tarjeta menos de 10 euros".
¡Horror! Una fila de escándalo, la cuenta a medio hacer, y yo que le digo a la chica que qué hago. Sin perder la paciencia me responde que o dejo la compra o entro a por algo más, y mientras valoro la situación, oigo desde la estantería de la línea de cajas un pack con dos paquetitos de smint que me llaman por mi nombre.
En medio segundo evalúo las ventajas y los inconvenientes. A ver: me ahorro volver a entrar, me doy el capricho de los smint que hace tiempo que no me doy un capricho y antes estaba enganchada a ellos, están muy baratos (dos cajas cuestan lo que antiguamente una), me encuentro mejor del estómago así que no me harán daño, además, con suerte igual alguien por la calle, me coge y me planta un beso. Todo ventajas, cero inconvenientes.
Listo, con el pack de smint, la cuenta sube a 10,98. Pago y me voy.
Cuando salía por la puerta, me ha abordado medio a gritos el chico que vendía La Farola. Negro como el tizón y flaco como un espaguetti, me ha dicho un montón de cosas que no he comprendido en 2 segundos mientras yo abría el primer paquetito de smint. Con toda la amabilidad que he podido, le he indicado que no quería el periódico y entonces, me ha pedido un caramelo.
A veces, mis manos van más rápido que mi mente, así que ni corta ni perezosa, le he plantado en la mano la caja entera, le he dicho "pa ti todo" y me he puesto a abrir la segunda caja.
Mientras la abría, y desde un ángulo no del todo bueno, observaba cómo el chico parecía pelearse con la caja, hasta que he comprendido que no tenía ni pajolera idea de cómo sacar los caramelos de allí dentro. Pero cuando he ido a explicárselo, ya estaban todos por el suelo.
Me he puesto a pensar en el tiempo en el que yo estuve enganchada a estos caramelitos. Parece que no podemos vivir sin algunas cosas, que otros sin embargo no han visto en su vida. Me hubiera dado lo mismo darle la caja a un bebé porque el resultado hubiera sido idéntico.
Como dice J., no hace falta haber estado en Nueva York para tener una idea de cómo es, sin embargo, éste chico no había estado nunca ni cerca de un artilugio parecido.
Me he marchado, eso sí, con mi paquete de smint intacto, rezando porque hubiera quedado alguno dentro de su caja y sin mirar atrás, casi segura de que los estaba recogiendo del suelo.
Sólo sé que no sé nada. Ignoro las motivaciones de la gente, desconozco lo que va a pasar. Solo estoy segura de una cosa, de mí misma.
miércoles, 7 de septiembre de 2011
domingo, 4 de septiembre de 2011
Aires de grandeza
Una de las actividades preferidas de mi vida, desde que tengo uso de razón, es imaginar situaciones en las que soy la protagonista absoluta de algo grande.
Por ejemplo, cuando era más joven, imaginaba la secuencia completa mediante la cual descubría vacunas para currar enfermedades para las que no había curación, o conseguía revivir a un moribundo tras un paro cardiaco, o daba un concierto multitudinario, o presentaba un programa de éxito. Vamos, que siempre he tenido aires de grandeza.
Es la primera vez que hablo de ello, porque eso de querer ser el niño en el bautizo y el muerto en el entierro, no está muy bien visto.
Con el paso de los años, me está empezando a dar un poco igual lo que piense la gente acerca de mis pretensiones, así que me atrevo a afirmar sin temor al rubor que quiero escribir un libro.
Es posible que mi prosa no sea lo suficientemente atractiva, o que mi vocabulario no sea lo suficientemente extenso. También es posible que no sea lo suficientemente creativa, e incluso que mi redacción sea algo infantil, pero aún así, quiero escribir un libro.
Ahora sólo me faltan dos cosas: el tema y la disciplina. No tengo ninguna de las dos, pero esta vez no quiero imaginar. Quiero ponerme manos a la obra.
¿Esperaré a las musas o me pillarán trabajando? Probablemente lo primero, pero que lo hago, no sé cuándo, pero lo hago, eso lo tengo más que claro.
Por ejemplo, cuando era más joven, imaginaba la secuencia completa mediante la cual descubría vacunas para currar enfermedades para las que no había curación, o conseguía revivir a un moribundo tras un paro cardiaco, o daba un concierto multitudinario, o presentaba un programa de éxito. Vamos, que siempre he tenido aires de grandeza.
Es la primera vez que hablo de ello, porque eso de querer ser el niño en el bautizo y el muerto en el entierro, no está muy bien visto.
Con el paso de los años, me está empezando a dar un poco igual lo que piense la gente acerca de mis pretensiones, así que me atrevo a afirmar sin temor al rubor que quiero escribir un libro.
Es posible que mi prosa no sea lo suficientemente atractiva, o que mi vocabulario no sea lo suficientemente extenso. También es posible que no sea lo suficientemente creativa, e incluso que mi redacción sea algo infantil, pero aún así, quiero escribir un libro.
Ahora sólo me faltan dos cosas: el tema y la disciplina. No tengo ninguna de las dos, pero esta vez no quiero imaginar. Quiero ponerme manos a la obra.
¿Esperaré a las musas o me pillarán trabajando? Probablemente lo primero, pero que lo hago, no sé cuándo, pero lo hago, eso lo tengo más que claro.
viernes, 2 de septiembre de 2011
Al otro lado
La mujer que hay al otro lado del espejo, ya no sabe quién es.
A veces cree que ha perdido su identidad. Otras, sin embargo, piensa que la está encontrando justo en este momento.
La mujer que hay al otro lado del espejo, ya no es rubia ni morena.
No es joven pero tampoco vieja.
No está gorda ni delgada.
Adora escribirse a sí misma y ha dejado de escribir para los demás.
La mujer que hay al otro lado del espejo, no se conoce a sí misma.
A veces se aburre soberanamente.
Otras, las menos, desearía que el tiempo dejara de correr.
La mujer que hay al otro lado del espejo, está confundida.
De éso, no tiene duda.
A veces cree que ha perdido su identidad. Otras, sin embargo, piensa que la está encontrando justo en este momento.
La mujer que hay al otro lado del espejo, ya no es rubia ni morena.
No es joven pero tampoco vieja.
No está gorda ni delgada.
Adora escribirse a sí misma y ha dejado de escribir para los demás.
La mujer que hay al otro lado del espejo, no se conoce a sí misma.
A veces se aburre soberanamente.
Otras, las menos, desearía que el tiempo dejara de correr.
La mujer que hay al otro lado del espejo, está confundida.
De éso, no tiene duda.
lunes, 11 de abril de 2011
La Alcagüeta
Un oasis de felicidad para las noches tristes.
No importa si es viernes, lunes o domingo. No importa si hace frío o calor. No importa si la mayor parte de la gente está en su casa durmiendo o viendo programas de call tv. Si un día raro quieres pasarlo bien, siempre te queda La Alcagüeta.
Según entras, Mati o Vanessa, o ambas, te reciben con la mejor de sus sonrisas. Igual da que lleves 4 meses sin pasarte por allí, te plantan dos besos y casi, casi te ponen la copa sin pedirla.
Las copas se pueden pagar sin echar a perder el mes, la música invita a la fiesta, y puedes pedir canciones como La revolución sexual, sin que te miren con cara extraña.
Puedes acabar cantanto rancheras a "grito pelao", un domingo a las 3 y media de la madrugada, mientras miras de soslayo el reloj pensando en las pocas horas de sueño que vas a disfrutar. Puedes conocer gente 20 años más mayor o menor que tú y compartir la fiesta sin problemas.
Allí está lo mejor de cada casa. Militares se mezclan con universitarios y cincuentones solteros. Parejas alternan con un chico de Bilbao que entra diciendo que qué se debe en el bar, que es su cumpleaños y en Bilbao se hace así, se paga todo lo del bar aunque no te conozcan. Señores respetables que miran sin complejos a las veinteañeras que lucen piernas con medias de cristal y taconazos, y un largo etcétera.
Todo ello aderezado con la sonrisa eterna de una mujer que parece que ha nacido para la hostelería, que siempre te invita a un chupito y que si hace falta te fía, porque, hija, no estás en cualquier bar, estás en La Alcagüeta.
martes, 29 de marzo de 2011
miércoles, 23 de febrero de 2011
Todo a 100
Tengo el corazón "repeinao"
Vestido de estreno, de mercadillo
con una estúpida sonrisa como de domingo
amor de baratillo, bisutería fina
sin más valor que los ojos con que lo miras
todo a cien
¡todo a cien!
Puedes pedirme la luna ¡locura!
fijo que te traigo un queso
puedes pedir mi amor, ¡ay! que dolor
al precio que está la carne
me conformo con un beso
mira
ni tu eres la princesa de este cuento
ni a besos voy a dejar de salirte rana.
Es poco lo que tengo
pero todo te lo doy
el oro de mi tiempo
pa que te hagas un reloj
la flor de mis neuronas
pa enredarlas en tu pelo
y por su puesto la luna
Hace tiempo que sé
que el mundo no es mío
ni mi hogar
paso por la vida de alquiler
de turismo sexual
si la vida es una orgía
yo voy de paja mental
tirititrantrantran
puritita fantasía
nada menos, nada más
¡todo a cien!
Vestido de estreno, de mercadillo
con una estúpida sonrisa como de domingo
amor de baratillo, bisutería fina
sin más valor que los ojos con que lo miras
todo a cien
¡todo a cien!
Puedes pedirme la luna ¡locura!
fijo que te traigo un queso
puedes pedir mi amor, ¡ay! que dolor
al precio que está la carne
me conformo con un beso
mira
ni tu eres la princesa de este cuento
ni a besos voy a dejar de salirte rana.
Es poco lo que tengo
pero todo te lo doy
el oro de mi tiempo
pa que te hagas un reloj
la flor de mis neuronas
pa enredarlas en tu pelo
y por su puesto la luna
Hace tiempo que sé
que el mundo no es mío
ni mi hogar
paso por la vida de alquiler
de turismo sexual
si la vida es una orgía
yo voy de paja mental
tirititrantrantran
puritita fantasía
nada menos, nada más
¡todo a cien!
miércoles, 5 de enero de 2011
Queridos Reyes Magos
Ya sé lo que estaréis pensando..., ¿Qué narices hace esta mujer escribiendo la carta a los reyes, el día 5 de Enero a las 12:30?, ¿Acaso piensa que somos magos de verdad?
Y tenéis razón. Voy un poco tarde. Será porque no pensaba escribiros. Supongo que porque el que nada espera no se lleva ninguna decepción, así que...
Pero al final, me ha podido la tradición, y aunque no sea para pedir, he decidido escribir unas líneas.
El año pasado, os pedí, con bastante antelación (creo que un mes antes), salud, dinero y amor, y no sabría decir si estoy contenta con los resultados.
Alguien que me conoce mucho, siempre me decía que yo nunca estoy contenta. O tengo frío, o calor, o me muero de sueño, o son insomne. Vamos, que soy más exigente que Mr. Proper en los baños del paraíso. Y probablemente tiene razón. Yo lo llamo afán de superación. Hay quien dice que son ganas de tocar los huevos.
No obstante, si debo decir algo del 2010, diré que fue uno de los años más intensos de mi vida. En muchos sentidos. Y eso no puede ser del todo malo.
Así, queridos Reyes Magos, lo único que os pido, es que el 2011, sea como mínimo como su antecesor. No me vengáis a rebajar las expectativas, que una servidora tiene muy mal perder.
Si otro particular, - o como dirían en mi pueblo: "pos eso" -, os mando un beso.
Labegue.
Y tenéis razón. Voy un poco tarde. Será porque no pensaba escribiros. Supongo que porque el que nada espera no se lleva ninguna decepción, así que...
Pero al final, me ha podido la tradición, y aunque no sea para pedir, he decidido escribir unas líneas.
El año pasado, os pedí, con bastante antelación (creo que un mes antes), salud, dinero y amor, y no sabría decir si estoy contenta con los resultados.
Alguien que me conoce mucho, siempre me decía que yo nunca estoy contenta. O tengo frío, o calor, o me muero de sueño, o son insomne. Vamos, que soy más exigente que Mr. Proper en los baños del paraíso. Y probablemente tiene razón. Yo lo llamo afán de superación. Hay quien dice que son ganas de tocar los huevos.
No obstante, si debo decir algo del 2010, diré que fue uno de los años más intensos de mi vida. En muchos sentidos. Y eso no puede ser del todo malo.
Así, queridos Reyes Magos, lo único que os pido, es que el 2011, sea como mínimo como su antecesor. No me vengáis a rebajar las expectativas, que una servidora tiene muy mal perder.
Si otro particular, - o como dirían en mi pueblo: "pos eso" -, os mando un beso.
Labegue.
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