
Cuando nació, tuvieron que cambiarle la sangre completamente. Cosas del RH. De los anticuerpos de la mádre comiéndose a la niña.
El caso es que como no tenían sangre a mano, y la población más cercana estaba demasiado lejos, decidieron cambiarla por sangre de cerdo, motivo más que suficiente para que se le quedara de por vida el apodo de Peggi.
Peggi, era una niña muy lista, y preciosísima, pero con una timidez casi patológica, que le hacía enrojecer en cuanto se intuía blanco de la más inocente de las miradas.
Sus diabólicos compañeritos, aprovechaban cualquier momento para sacarle los colores, - tarea fácil, por otra parte -, sin embargo, era la preferida de sus profesores. Tan modosita, tan aplicada.
Cuando llegó a la adolescencia, la belleza de Peggi creció de manera exponencial, y pasaba los días y sobre todo las noches, rompiendo corazones a diestro y siniestro, sin ni siquiera se consciente de ello. Parecía que de un momento a otro emularía a Remedios la Bella y subiría a los cielos ante la atónita mirada de todos sus amigos y vecinos. Sin embargo, no subió a los cielos, sino que descendió al más oscuro de los infiernos, cuando fue reclutada como estrella principal de un espectáculo porno de un garito de mala muerte situado en las afueras de la ciudad.
Así, Peggi, pasó el resto de su vida atrapada en una telaraña de sexo y drogas, y, a la hora de su muerte, lo único que pidió fue ser libre. Que la muerte no fuera tan oscura como la vida.
En ese mismo instante, y sin saber qué fuerza de la naturaleza había obrado el milagro, desplegó las alas y echó a volar.