martes, 10 de enero de 2017

Aquella que un día buscaba
los malditos acordes
de "Eva tomando el sol"
los encontro por la noche
en un local con solera.
Y entonces,
solo entonces
se dio cuenta
de que los corazones solitarios
siempre habían sido inaccesibles
y que a lo máximo que podía aspirar
era a observar sus vaivenes
e intentar disfrutarlos
incluso en la lejanía
porque nunca sería tarde
para aprender
que los hay almas que no tienen dueño
y que eso no es malo
porque no hay nada más triste
que un pájaro que no puede volar.

lunes, 9 de enero de 2017

Malditos emoticonos

Lo digo completamente en serio. ¡Urge una guía acerca de cómo usar los emoticonos correctamente!

Quizá haya gente a la que le resulte fácil. A mí, no. Así que acabo usando siempre los mismos: el que se parte de risa, el que lanza el besito, el dedo para arriba, y poco más. El resto de las caras no tengo ni idea de para qué sirven.

Y como diría Rajoy, los emoticonos son como la cerámica de Talavera, que no es cosa menor, o dicho de otra manera, es cosa mayor. Porque en un mundo en el que ya apenas hablamos por teléfono y en el que gran parte de las conversaciones se producen en las redes sociales, es importante que sepamos ponerle cara a lo que decimos, para evitar confusiones, peleas, o amor a mansalva.

Generalmente suelo a leer a las personas con el mismo sentimiento que tengo yo, así, si yo estoy triste, leo los mensajes con esa misma tristeza, y al revés cuando estoy contenta. También, hay determinadas personas a las cuales les asignó un determinado estado de ánimo, por ejemplo, hay gente a la que siempre leo enfadada. Aunque no lo esté.  En esos casos, es en los que los emoticono podrían ayudarme, si los entendiera.

Así que mientras encuentre una guía fiable, seguiré usando los mismos que hasta ahora, independientemente de que vayan o no con el texto, aunque eso, a veces, pueda llevarme a ciertos malentendidos.

viernes, 6 de enero de 2017

De amor, pareja, familia y tribu

Vengo caminando desde casa de mi hermana donde hemos celebrado la comida de Reyes. En mi familia, nos juntamos para todo. Nochebuena, Navidad, Nochevieja, Año Nuevo y Reyes. Si a eso sumamos que el cumpleaños de mi madre es en diciembre y el de mi padre en enero, pasamos dos meses completos de comilona en comilona.

Puede parecer que esto que comento es lo normal, sin embargo, cada vez me encuentro con más gente que celebra esas comidas festivas (o al menos alguna de ellas) en pareja, en familia corta (solo padres e hijos) o incluso en soledad.

Es lo normal y parece que es hacia lo que vamos. De hecho, nosotros cada vez somos menos y parece que esa tendencia va a consolidarse. Antes parecía obligado el tener que juntarte en estas fechas aunque no te apeteciera (este no es mi caso, a mí me sigue apeteciendo), pero mucha gente que apenas tiene relación durante el año con su familia, opina que es una soberana estupidez tener que comer con quien ni siquiera tienes ganas de hacerlo y prefiere reservarse esos días para sí mismo o para los más cercanos.

A mi modo de ver, las relaciones familiares han cambiado mucho en los últimos años. El trabajo, las prisas, las grandes ciudades, hacen que la familia se vea reducida a la mínima expresión, es decir, padres e hijos, padre e hijo, madre e hijo, pareja. Los hogares españoles cada vez están formados por menos miembros. No sólo eso, sino que hemos dejado de conocer a nuestros vecinos, a la tendera de ultramarinos de la esquina, al carnicero o al dueño del bar de abajo, es decir, a la tribu.

Cuando yo era cría, a veces bajábamos a la tienda de debajo de casa y nos llevábamos cualquier cosa con el único pago de "ya viene luego mi madre", y esto cada vez pasa menos. Así, quitando las relaciones que tenemos en el trabajo, poco nos queda además de la pareja y eso es un problema.

Es un problema porque ponemos todos los huevos en la misma cesta y le hacemos (a la pareja) el o la responsable única de nuestra felicidad ya que nuestros horizontes son cada vez más cortos. Eso es injusto para el otro y además es imposible de lograr, lo que se traduce en dos cosas: la primera, el aumento de los divorcios, que ya van por el 50% de las parejas. Es evidente que a altas expectativas, más dura será la caída. La segunda, la cantidad de parejas, que llevan muchos años como dice un buen amigo, odiándose cordialmente.

Todo esto viene a que volviendo de casa de mi hermana me he tropezado con una, dos y hasta tres parejas de ese tipo, en las que ves que ya no queda amor, por el odio con el que se miran y por las palabras que se dicen llenas de una falta de respeto que no le tienes por ejemplo a tus amigos.


Aclaración: Que conste que todo esto no está basado en ningún estudio estadístico, son solo mis pensamientos y así los comparto. Feliz día de reyes.

jueves, 5 de enero de 2017

Queridos Reyes Magos:

Ya, ya sé que voy tarde. Ya sé que muchas veces me declaro republicana y ya sé que probablemente no he sido lo suficientemente buena como para contar con vuestra benevolencia, pero este año, os escribo la carta con más ilusión que nunca. Y eso también cuenta, ¿no?

Lo primero que quiero es un botón de pánico que me podéis ubicar en cualquier parte del cuerpo que esté a mano. Un botón para activar la respiración, la relajación y sobre todo dejar de pensar. Entrar en ese maravilloso estado en el que solo observas. Y que ese botón tenga una batería inagotable.

Ya puestos, os pido también un "mecanismo de disfrute de las pequeñas cosas". Desde el café matutino hasta el tacto de las sábanas pasando por las risas con los amigos. Que gracias a ese mecanismo,  cada momento sea único e irrepetible y que yo me de cuenta de ello.

Felicidad para los míos, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza. Felicidad. Actitud positiva. Buen rollo. Sonrisas. Para mis hijos, padres, hermana, amigos, parejas, ex parejas, la que me pone el café, mis jefes, mis ex jefes, mi vecino del 3º el que no me saluda, la del banco, el barrendero..., bueno, puestos a ampliar, póngalo a toda la humanidad.

Serenidad para no abusar de los amigos y empatía, mucha empatía. Y ya puestos que se me rompa la bola de cristal.

Creo que nada más. Si me traéis eso, me conformo. Y si está agotado, al menos un mapa para encontrarlo.

Este 2017 prometo ser más buena y tener la carta escrita a principios de diciembre. Lo de hacerme monárquica ya es otro cantar. Espero que podáis perdonarme.

Siempre vuestra...


Ana.


miércoles, 4 de enero de 2017

Placer inmediato vs placer diferido

Vivimos en la era de la inmediatez. Cuando nos conectamos a internet, tenemos las noticias de todo el mundo en tiempo real, podemos hablar con un amigo que está lejos en el mismo instante en el que nos lo proponemos y el WhatsApp es un medio maravilloso para la comunicación inmediata.

Si nos aburrimos, podemos ponernos un vídeo gracioso de youtube que nos proporciona placer inmediato (la risa), no tenemos que esperar para ver el siguiente capítulo de esa serie que tanto nos gusta, y así millones de cosas más.

Atrás quedaron los tiempos en los que para comunicarnos con un amigo teníamos que escribir una carta, esperar a que llegara, rezar porque no se perdiera, y finalmente, esperar la contestación si él quería, sin saber si la había leído o no y confiar en que si era nuestro amigo era por algo.

El placer inmediato tiene dos aspectos positivos. El primero, es evidente, y es que es inmediato. Comunicación, entretenimiento, etc. son cosas que podemos lograr al instante sin ni siquiera tener que salir de casa. El segundo beneficio es que lo que te ha costado poco conseguir poco te cuesta perderlo, y me refiero al coste emocional. Si yo me conecto a una web de contactos y al minuto estoy vacilando con un chico, si al día siguiente desaparece, el coste emocional es pequeño ya que la inversión ha sido poca.

Estos dos beneficios, hacen que nos agarremos al placer inmediato de forma casi obsesiva, y que vivamos nuestra vida con cierta ansiedad, siempre en la búsqueda de placer sin esfuerzo. Lo malo de este tipo de placer es que en el fondo es poco satisfactorio.

Sin embargo, el placer diferido es mucho más satisfactorio. Cuando aprendemos a tocar un instrumento por ejemplo, nos cuesta mucho tiempo, cuando aprendemos un idioma, cuando montamos una empresa, cuando conquistamos a alguien a quien conocemos poco a poco o cuando tenemos que salir de casa, pagar una entrada para ir al cine y disfrutar de una película. Lo que hemos conseguido con cierto esfuerzo nos da una sensación de plenitud mucho mayor. Nos llena más.

El problema del placer diferido, es el miedo a perder todo aquello que hemos conseguido. Hemos invertido nuestro tiempo, nuestro esfuerzo, nuestras ilusiones en aquel trabajo, relación, aprendizaje y una vez conseguido tenemos que seguir invirtiendo para que no desaparezca. Es un trabajo constante y nunca se termina, porque si nos relajamos lo perdemos. Si aprendemos a tocar la guitarra, por ejemplo, pero una vez que sabemos dejamos de practicar, irremediablemente olvidaremos lo aprendido. Lo mismo con el amor, el trabajo o cualquier cosa que nos proporcione un placer verdadero. Así que, nos aferramos al placer efímero e inmediato, que nos cuesta menos esfuerzo y nos hace menos daño y en el camino perdemos algo de nuestra esencia, creatividad y aprendizaje.


lunes, 2 de enero de 2017

Girando en diferentes órbitas

La puerta se cerró de golpe por la fuerza del viento. Rebeca no lo sabía, pero esa mañana había olvidado cerrar la ventana que daba al parque de los naranjos, otra vez.

El sonido despertó a Ramón, que dormía plácidamente, todo lo plácidamente que se puede dormir un viernes por la mañana después de una dura jornada de noche en un trabajo que aunque no le gustaba especialmente, le proporcionaba lo básico para comer, vestir y salir un poco de fiesta.

Ramón abrió los ojos y emitió un gruñido. Se sentía enfadado al pensar que ella tenía tan poca consideración. Todas las mañanas la maldita puerta, todas las mañanas el maldito ruido. Después de eso, no conseguía volver a dormir ya que su mente entraba en una espiral de reproches sin fin contra ella.

Ella, Rebeca, ignorante a todo lo que pasaba por la cabeza de Ramón, desayunaba con sus compañeros en la cafetería de la esquina y le hacía ojitos a Luis, el camarero. Luis era alto, guapo y delgado, tenía 3 años menos que ella y una sonrisa que iluminaba cada lugar por el que pasaba. Parecía feliz en su oficio de camarero y vacilaba con todas las clientas sin importar su edad, constitución, belleza o profesión. Era un artista de la seducción.

Sin embargo, Rebeca, a pesar de que lo sabía, se había hecho la ilusión de que los guiños de Luis eran diferentes cuando de ella se trataba. Esperaba con ansiedad todos los días, la hora del café en el bar de la esquina, cuando bajaba con los compañeros a disfrutar del merecido descanso a mitad de la jornada. Ninguno de sus compañeros, o eso creía ella, se daba cuenta de lo que Luis provocaba en su cuerpo y en su mente. Si no fuera por esa media hora al día, no sabía si podría soportar el resto de la jornada. Era su luz, su ilusión, sus ganas de vivir.

Ramón cerró la ventana que daba al parque de los naranjos y decidió perdonar el olvido de Rebeca. Se conectó a internet y buscó en google actividades para hacer juntos ese fin de semana: masajes, spa, una escapada romántica, una cena. Lo que fuera se lo propondría al llegar a casa. Ultimamente se habían distanciado un poco y aunque se querían mucho no hacían muchas cosas juntos. Supuso que una propuesta de ese tipo, haría que de repente, todo volviera a ser como antes.

Mientras tanto, Rebeca deseaba que ese fin de semana cayera una tormenta tremenda, para no tener que salir de casa, para refugiarse en sus lecturas de sábado y domingo y esperar a que llegara el lunes,  y que fueran de nuevo las 11 de la mañana y que Luis le volviera a regalar de nuevo una sonrisa.

domingo, 1 de enero de 2017

Año Nuevo, ¿Vida Nueva?

Da cierto gusto pensar que una fecha en el calendario, un calendario inventado, aprendido y creído por todos, puede ser el punto de partida de muchas cosas, del cambio hacia una nueva visión de la vida.

Los muros de las redes sociales, se llenan de buenos propósitos: dejar de fumar, ir al gimnasio, no tener demasiadas expectativas, aprender a ser felices con las cosas pequeñas, dejar de quejarnos, ascender en el trabajo..., todo muy válido el día 1 de enero, todo que no habíamos comenzado a hacer ni el 31 ni el 30 ni el 29 de diciembre a pesar de que lo teníamos en mente.

Son propósitos un poco de mentira, ya que cuando alguien quiere algo lo hace el día que descubre que lo quiere, no se espera al día 1 de enero.

La mayor parte de las personas que conozco que han dejado de fumar y llevan un porrón de años, se levantaron un martes cualquiera y decidieron que no fumarían más, no esperaron a principio de año. Por esa razón, la mayor parte de los propósitos de Año Nuevo, se quedan en eso, en propósitos.

Además, para hacer la fecha más significativa, nos comemos las uvas, brindamos y bailamos y bebemos hasta el amanecer como si mañana fuera el principio de nuestra nueva vida, y con la resaca, entráramos en una suerte de iluminación divina que nos va a hacer ser con el mínimo esfuerzo la persona en la que nos queremos convertir.

Hay mucha gente que dice que a veces la mente le ha hecho un clic y entonces lo ha visto todo claro. Les envidio. A mí me cuestan las cosas mucho, necesito quererlas, creerlas, trabajarlas con perseverancia y finalmente tener suerte para conseguirlas.

No obstante, no estoy aquí para echar por tierra las perspectivas de todo el que me lea, sólo intento ser un poco objetiva, por eso, para este 2017 deseo para todo el mundo la fuerza suficiente para trabajar por lo que quieren, porque independientemente de que sus propósitos se conviertan o no en realidades, el mero hecho de intentarlo ya es satisfactorio.

¡Feliz 2017!