viernes 3 de julio de 2009

Quiero escapar


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lunes 29 de junio de 2009

35


Un abrazo de princesa por la mañana, y un beso de uno que no quiere ser príncipe.

Un cinturón, una cámara de fotos, pendientes y un monedero.

Unas papas y unas cañas en buena compañía.

Montevideo, Barcelona, Zaragoza, Las Palmas...

Una paella y gewztraminer.

Una tarta de cenicienta y 34 + 1

Tarde de calor.

Una noche disfrutando de La Traviata.

¡Cómo ha cambiado todo en un año!

Cumplo años con rima..., y yo con estos pelos

jueves 25 de junio de 2009

Botellón legal, botellón ilegal

Leo en el Heraldo de Aragón de hoy, que el Ayuntamiento de Zaragoza, pretende regular el botellón. Bueno, más que regularlo, pretende prohibirlo. Se puede estar o no de acuerdo con la prohibición, pero lo que más me llama la atención es la definición que hacen de botellón:

Reunión de personas para beber en la calle, provocando suciedad, problemas para el tráfico, para el tránsito peatonal, y molestias a los vecinos.

Y leo esa definición y sólo me viene a la mente la calle Galán Bergua. Es una calle plagada de terrazas que funcionan hasta la madrugada, en la calle, que ensucia la calle (¿para qué vamos a tirar el palillo, el hueso de la oliva, o la servilleta de papel a otro sitio que no sea la calle?), genera problemas de tráfico (todo el mundo va en coche y normalmente hay hasta tercera fila para aparcar), y problemas en el tránsito peatonal (está claro), de las molestias a los vecinos ni hablo, que se lo pregunten a los de los primeros pisos.

Y como digo Galán Bergua, digo mil calles de Zaragoza. Ahora parece que yo esté en contra de las terrazas, y no es así, de hecho, soy usuaria de las terrazas, el tema es que me parece que a la definición le falta que las personas sean menores de 30 años.

Claro, como todos sabemos, los menores de 30 años son potenciales delincuentes. O delincuentes directamente, para qué vamos a andar con tonterías. Y claro, hay que prohibir. Porque como todos sabemos, la prohibición es la mejor medida inventada para solucionar los problemas... ¡Y una mierda!

El otro día sacaron un informe de la DGT en el que se llega a la conclusión de que los que menos respetan el "si bebes no conduzcas" son los "adultos responsables" de entre 35 y 45 años.

Yo no sé si hay que prohibir el botellón o no. Evidentemente cada uno cuenta la película según la ve. El otro día me decía "la de la v de vino", que unos chicos habían montado una juerga por la noche a los pies de su casa y acabó llamando a la policía por miedo a que despertaran a su hija de 3 años. Yo le pregunté si ella no hacía lo mismo de jóven, y ella confesó que hacía eso y mucho más, pero que entonces no tenía hijas a las que molestaran, y las madres de las que había también podrían haber llamado a la policía. No pude hacer otra cosa que darle la razón. Las circunstancias de cada uno, son las circunstacias de cada uno. Pero de ahí, a sacar una ley que prohiba el botellón, va un rato largo.

No tienen la misma vara de medir para unos y otros. Las cosas se arreglan con educación y no con prohibición. Y además, mal que nos pese, los adolescentes van a seguir emborrachándose, como lo hice yo, como lo hiciste tú, como lo hicieron tus padres, y como lo harán tus hijos. Unos a base de chatos de vino cosechero del abuelo, otros a base de cubatas de brugal, y otros como mejor se les ocurra.

No sé, quizás lo que se les ocurra, sea pagar por un trozo de calle, como los dueños de las terrazas, y así poder hacer el botellón legalmente.

lunes 15 de junio de 2009

El chico de la kangoo

Como muchos de vosotros sabéis, he estado no hace mucho de mudanza. Ahora me toca otra, pero es menos, sólo llevar cajas de un lugar a otro, pero la anterior fue dura.

No se trataba sólo de embalar, sino de seleccionar. Y eso implica tirar recuerdos.

No es fácil. Tienes que decidir, con qué te quedas, y qué desechas. Así que yo, mujer de extremos por excelencia, decidí tirarlo prácticamente todo, porque los papeles, son papeles, pero los hechos quedan en la cabeza.

Así, fui sacando poco a poco del baúl de los recuerdos, que diría Karina, un montón de cosas inservibles pero todas con un valor sentimental más o menos importante.

Apareció aquel paquete de nobel, con un cupido de tarta de San Valentín dentro, y que me recordaba una noche horrible en el otoño del año 2000. Aparecieron también más de una docena de entradas para el fútbol, sobre todo de aquellos años en los que el Zaragoza hacía un juego tan maravilloso que le permitió ganar aquella recopa del 95 en el Parque de los Príncipes de París. También muchísimas entradas a conciertos, casi todas de Sabina, que podían ordenarse cronológicamente sin saltarse prácticamente ningún año. El diario de Guía, en el que íbamos anotando de críos todas las especialidades que conseguíamos, y una carpeta con un montón de canciones de misa con los acordes de guitarra puestos sobre las letras correspondientes.

Sin embargo, uno de los que más me gustó, fue el cuaderno en el que estaban anotados los nombres en indio de todos y cada uno de los asistentes a aquel campamento. Sí, aquel en el que la Espe y yo misma, bajamos al pueblo en minifalda y un sujetador hecho con una tela, adornando nuestras cabezas con dos plumas ajenas a las miradas de los lugareños. Aquel en el que había un niño de unos 8 o 9 años que era igualito al tío del anuncio de la kangoo. Uno de mis mejores campamentos.

Quizá sea por eso, por lo que aunque los recuerdos estén ya en la basura, esta tarde, al volver de trabajar, y parar en un semáforo detrás de una kangoo, en mi boca, se haya dibujado una sonrisa.

lunes 8 de junio de 2009

Sin avances

Ultimamente tengo la sensación de estar dando vueltas. Es como aquella película en la que cada día, sonaba el despertador y era el día de la marmota. No recuerdo el título.

El caso es que no hago otra cosa que repetir pensamientos y sentimientos, e incluso actos. Sabiendo que no son los correctos, no son los mejores para mí. Y en cada ocasión, los matizo un poco, a ver si mañana, me toca hacerlo un poquito mejor, y al final, al hacerlo bien del todo, consigo saltar a la fase siguiente. Y por fin avanzar.


Lo veo difícil, sobre todo porque a veces soy yo la que se empeña en repetir algo que aunque momentáneamente me hace sentir bien, posteriormente no es lo más adecuado.

En fin, que me estoy liando. Iremos con la vida.

Vengo de pasada. Alguna vez robo algún portatil para mirar el correo, pero básicamente estoy desconectada. He firmado una reserva para un piso que supongo que podré ocupar como máximo en dos meses. Estoy planeando irme de vacaciones a Canarias la primera semana de Agosto, y poco más.

Esperadme, no os vayáis. Prometo ponerme en breves al día.

martes 19 de mayo de 2009

TECNOCASA Y SUS SECUACES (Oficina Avda. Madrid, Zaragoza)

Estoy buscando piso. Creí haberlo encontrado hace no mucho. Era un piso de 67 m2, con tres habitaciones compensadas, salón, cocina y baño. Pequeñito, pero sin pasillo, con muchísima luz y con ascensor.

Era para hacerlo entero nuevo. Cambiar cocina y baño, poner calefacción, cambiar instalación eléctrica, suelos, puertas y ventanas. A mi gusto. Me iba a quedar muy coqueto.

Me lo enseñaron los chicos de Tecnocasa. La comercial en concreto era una chica simpática hasta llegar a poner histérica a la más paciente. Tanta felicidad me agota. Pero bueno, el piso me gustaba, así que lo visité varias veces. Con mis padres, con una amiga, con varios reformistas. Tenía que ver si me cuadraba el precio porque había que meter 6 millones en la reforma.

Cuando me decidí, el piso estaba en 103.000 euros, y llamé un jueves a las 9:30 de la mañana, para decirles que en 100.000 me lo quedaba. Me dijeron que consultarían a los propietarios, y a los 10 minutos me llamaron diciéndome que habían dicho que sí, que esa misma tarde les llevara una señal de 3.000 euros.

Allá me fui yo, contenta, con mi dinero en la mano, esperando encontrar a los propietarios para firmar un contrato de arras. Pero no estaban. Me dijeron que era el procedimiento habitual. Se supone que no podíamos conocernos para no hacerlo dejándoles a ellos al margen, pero que esa misma tarde irían a su casa para que firmaran el contrato.

También me comentaron, que después de llamar yo, había llamado otro chico pero que no sabían cuánto iba a ofrecer. Mi amiga Espe, que estaba conmigo, les dijo que el piso estaba vendido, que llamaran al otro y se lo dijeran. Así lo hicieron (bueno, hicieron el paripé).

A la mañana siguiente, les llamé yo, para ver cómo había ido la firma y me dijeron que el dueño, un señor mayor de unos 88 años, se había puesto cabezón, había dicho que o 103.000 o nada, y que estaban indignados con él. Pero que le habían dejado el contrato para que lo pensara, y que por la tarde irían otra vez.

Yo ya hacía tiempo que me olía algo, pero aún así fui esa tarde a ver el piso de nuevo con otro reformista.

A última hora, les llamé, y me dijeron que había sido imposible. Pusieron de vuelta y media al propietario, me insistieron en que diera 3000 euros más, confesaron su vergüenza por la situación y pusieron cara de buenos.

Yo no quise dar 3000 euros más, primero porque me va fatal, segundo porque me olía algo, y tercero porque sospechaba que querían que toda la rebaja la hiciera el propietario, pero que ellos no iban a perder ni un céntimo de su comisión, que a la postre ha sido de 10.000 euros en un piso de 103.000. ¡Alucinante!

El disgusto que me llevé yo, después de un mes de presupuestos de reformas, de ilusiones, de no mirar más, fue tremendo. Recogí mis 3.000 euros y me fui.

Casi un mes después, he conseguido hablar con los propietarios.

¡TODO MENTIRA!

Ni siquiera le presentaron mi oferta. Cogieron otra superior, no me avisaron, fueron con ella, y cuando estuvo firmada, me contaron toda esa patraña sobre el mal humor del anciano y lo borde que había sido con ellos. Mientras tanto, se guardaron mi dinero en un cajón, hasta que tuvieran la seguridad de la otra venta.

El hombre está enterado. Muy enfadado con ellos, por mentir y hablar de él como si fuera un ogro y por no ser legales. Pero ya nada se puede hacer. Ellos tienen firmado un contrato y sería una jugarreta para la pareja que al final lo ha comprado, y que no tienen la culpa de nada.

Pero yo no quiero que deje de saberse cómo funcionan. Mintiendo, diciendo barbaridades de una pobre gente que no sabía nada. Se han reído de ellos por ser ancianos. Los propietarios han rebajado el precio en 7000 euros mientras TECNOCASA no ha bajado ni un céntimo su comisión.

A mí me han dejado sin piso.

¡SINVERGÜENZAS!

miércoles 13 de mayo de 2009

Tanto tienes, tanto vales

Me queda poco, muy poco. En breves, me quedaré sin casa, ya no tengo sofás, ni mesa donde comer. Lo hago en la encimera de la cocina, las judías verdes que mi madre me ha traído, y que me saben a gloria, a pesar de que nunca me han gustado mucho las judías verdes.

También me quedaré sin internet, no sé por cuánto tiempo, aunque en estos momentos es lo que menos me preocupa.

No me quejaré. Yo lo he buscado. Yo he decidido esto. He querido pasar de una vida cómoda a una llena de sobresaltos, pero quizás no pensé lo suficiente en ellos, y ahora no temo por mí, sino por ellos. O sí, es por mí, porque a ellos no les faltará nada.

He decidido que mi máxima prioridad tiene que ser un trabajo antes que un piso. Bueno, ambas cosas son urgentes.

Estoy un poco bloqueada, no sé muy bien por dónde empezar, y además no tengo muchas ganas de empezar. Lo único que me apetece es echarme a dormir, esconder la cabeza y no coger el toro por los cuernos, pero eso no serviría de nada. Hace tiempo que dejé de creer en los milagros y de mirar al cielo buscando una respuesta.

Alguna vez, he escrito algún post acerca de la amistad. De que sólo es cierta cuando hay un intercambio de intereses. Espero equivocarme, porque si no, lo tengo claro.

Sirva este post de despedida temporal, aunque siga escribiendo cosas, porque el día que me toque hacerlo de verdad, no sé si tendré valor.