viernes, 10 de febrero de 2017

El autoestopista

El autoestopista no sabe dónde va,
Solo quiere ver mundo.
El autoestopista monta en un coche que para
Si le gusta la música no se baja
Si le gusta la temperatura no se baja
Si le dan conversación no se baja
Nunca conduce, siempre va de copiloto
Aunque marca muchas veces las indicaciones
Sujeta el mapa
El conductor a veces se cansa de conducir
Pero el autoestopista no lo releva
Simplemente cambia de coche
En el que le esperan nuevas aventuras
El autoestopista es divertido
El autoestopista es ingenioso
El autoestopista es un gran tipo
Por eso nada importa
Porque mereció la pena ir acompañado
En el trayecto
Aunque haya sido corto

martes, 17 de enero de 2017

El tipex y la felicidad

Tengo este blog desde hace muchos años, y a pesar de que hablo de mí y de mis sentimientos, nunca hablo de las personas que comparten su vida conmigo. Ellos no lo han elegido, lo elegí yo, y aún así me quieren. Ellos son mis hijos.

D. tiene 13 años y creo firmemente que es un niño feliz. L. tiene 11 años y es un poco como yo, siempre está pensando en el "¿y si pasa esto?". Yo sufro por ello porque eso sólo le va a generar una cosa: ansiedad.

Hoy, hemos tenido la visita al instituto y he descubierto lo que preocupa a L. desde hace un tiempo. No quiere ir al instituto. Cree que es muy pequeña todavía y tiene miedo a no poder hacer amigos, a no sentirse aceptada.

Estábamos hablando de eso cuando ha venido D. y nos ha contado su secreto. Ha dicho que él también tuvo miedo y que últimamente como ha estado malito ha tenido tiempo de pensar y ha desarrollado una teoría fantástica acerca de como ve la vida. Os la cuento según sus propias palabras:

Yo, - ha dicho - me imagino la vida como un folio en blanco, y en ese folio en el que escribimos puede a veces haber tachones. Los tachones son las cosas que te pasan. Los problemas. Si están escritos en lápiz es que son pequeños, por ejemplo, se me ha roto el móvil. Podré comprarme otro, o llevarlo roto. La solución a esos problemas es usar la goma.

El problema es cuando los tachones son en boli, es decir, los graves. Por ejemplo, que se te haya muerto alguien. Entonces hay que usar el tipex.

El tipex es la felicidad. Todos los tipex tienen una marca. ¿Cuáles son las marcas de tu tipex? Los míos son de la marca familia, amigos, baloncesto e instituto. Lo que te hace feliz es la marca de tu tipex. Cuando te pasa algo malo, lo que tienes que hacer es ponerle tipex, es decir, pensar en tus amigos, familia, baloncesto y estar en ello.

Me ha parecido un ejemplo precioso, muy de su edad. Así que nada, a ponerle tipex a la vida.

martes, 10 de enero de 2017

Aquella que un día buscaba
los malditos acordes
de "Eva tomando el sol"
los encontro por la noche
en un local con solera.
Y entonces,
solo entonces
se dio cuenta
de que los corazones solitarios
siempre habían sido inaccesibles
y que a lo máximo que podía aspirar
era a observar sus vaivenes
e intentar disfrutarlos
incluso en la lejanía
porque nunca sería tarde
para aprender
que los hay almas que no tienen dueño
y que eso no es malo
porque no hay nada más triste
que un pájaro que no puede volar.

lunes, 9 de enero de 2017

Malditos emoticonos

Lo digo completamente en serio. ¡Urge una guía acerca de cómo usar los emoticonos correctamente!

Quizá haya gente a la que le resulte fácil. A mí, no. Así que acabo usando siempre los mismos: el que se parte de risa, el que lanza el besito, el dedo para arriba, y poco más. El resto de las caras no tengo ni idea de para qué sirven.

Y como diría Rajoy, los emoticonos son como la cerámica de Talavera, que no es cosa menor, o dicho de otra manera, es cosa mayor. Porque en un mundo en el que ya apenas hablamos por teléfono y en el que gran parte de las conversaciones se producen en las redes sociales, es importante que sepamos ponerle cara a lo que decimos, para evitar confusiones, peleas, o amor a mansalva.

Generalmente suelo a leer a las personas con el mismo sentimiento que tengo yo, así, si yo estoy triste, leo los mensajes con esa misma tristeza, y al revés cuando estoy contenta. También, hay determinadas personas a las cuales les asignó un determinado estado de ánimo, por ejemplo, hay gente a la que siempre leo enfadada. Aunque no lo esté.  En esos casos, es en los que los emoticono podrían ayudarme, si los entendiera.

Así que mientras encuentre una guía fiable, seguiré usando los mismos que hasta ahora, independientemente de que vayan o no con el texto, aunque eso, a veces, pueda llevarme a ciertos malentendidos.

viernes, 6 de enero de 2017

De amor, pareja, familia y tribu

Vengo caminando desde casa de mi hermana donde hemos celebrado la comida de Reyes. En mi familia, nos juntamos para todo. Nochebuena, Navidad, Nochevieja, Año Nuevo y Reyes. Si a eso sumamos que el cumpleaños de mi madre es en diciembre y el de mi padre en enero, pasamos dos meses completos de comilona en comilona.

Puede parecer que esto que comento es lo normal, sin embargo, cada vez me encuentro con más gente que celebra esas comidas festivas (o al menos alguna de ellas) en pareja, en familia corta (solo padres e hijos) o incluso en soledad.

Es lo normal y parece que es hacia lo que vamos. De hecho, nosotros cada vez somos menos y parece que esa tendencia va a consolidarse. Antes parecía obligado el tener que juntarte en estas fechas aunque no te apeteciera (este no es mi caso, a mí me sigue apeteciendo), pero mucha gente que apenas tiene relación durante el año con su familia, opina que es una soberana estupidez tener que comer con quien ni siquiera tienes ganas de hacerlo y prefiere reservarse esos días para sí mismo o para los más cercanos.

A mi modo de ver, las relaciones familiares han cambiado mucho en los últimos años. El trabajo, las prisas, las grandes ciudades, hacen que la familia se vea reducida a la mínima expresión, es decir, padres e hijos, padre e hijo, madre e hijo, pareja. Los hogares españoles cada vez están formados por menos miembros. No sólo eso, sino que hemos dejado de conocer a nuestros vecinos, a la tendera de ultramarinos de la esquina, al carnicero o al dueño del bar de abajo, es decir, a la tribu.

Cuando yo era cría, a veces bajábamos a la tienda de debajo de casa y nos llevábamos cualquier cosa con el único pago de "ya viene luego mi madre", y esto cada vez pasa menos. Así, quitando las relaciones que tenemos en el trabajo, poco nos queda además de la pareja y eso es un problema.

Es un problema porque ponemos todos los huevos en la misma cesta y le hacemos (a la pareja) el o la responsable única de nuestra felicidad ya que nuestros horizontes son cada vez más cortos. Eso es injusto para el otro y además es imposible de lograr, lo que se traduce en dos cosas: la primera, el aumento de los divorcios, que ya van por el 50% de las parejas. Es evidente que a altas expectativas, más dura será la caída. La segunda, la cantidad de parejas, que llevan muchos años como dice un buen amigo, odiándose cordialmente.

Todo esto viene a que volviendo de casa de mi hermana me he tropezado con una, dos y hasta tres parejas de ese tipo, en las que ves que ya no queda amor, por el odio con el que se miran y por las palabras que se dicen llenas de una falta de respeto que no le tienes por ejemplo a tus amigos.


Aclaración: Que conste que todo esto no está basado en ningún estudio estadístico, son solo mis pensamientos y así los comparto. Feliz día de reyes.

jueves, 5 de enero de 2017

Queridos Reyes Magos:

Ya, ya sé que voy tarde. Ya sé que muchas veces me declaro republicana y ya sé que probablemente no he sido lo suficientemente buena como para contar con vuestra benevolencia, pero este año, os escribo la carta con más ilusión que nunca. Y eso también cuenta, ¿no?

Lo primero que quiero es un botón de pánico que me podéis ubicar en cualquier parte del cuerpo que esté a mano. Un botón para activar la respiración, la relajación y sobre todo dejar de pensar. Entrar en ese maravilloso estado en el que solo observas. Y que ese botón tenga una batería inagotable.

Ya puestos, os pido también un "mecanismo de disfrute de las pequeñas cosas". Desde el café matutino hasta el tacto de las sábanas pasando por las risas con los amigos. Que gracias a ese mecanismo,  cada momento sea único e irrepetible y que yo me de cuenta de ello.

Felicidad para los míos, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza. Felicidad. Actitud positiva. Buen rollo. Sonrisas. Para mis hijos, padres, hermana, amigos, parejas, ex parejas, la que me pone el café, mis jefes, mis ex jefes, mi vecino del 3º el que no me saluda, la del banco, el barrendero..., bueno, puestos a ampliar, póngalo a toda la humanidad.

Serenidad para no abusar de los amigos y empatía, mucha empatía. Y ya puestos que se me rompa la bola de cristal.

Creo que nada más. Si me traéis eso, me conformo. Y si está agotado, al menos un mapa para encontrarlo.

Este 2017 prometo ser más buena y tener la carta escrita a principios de diciembre. Lo de hacerme monárquica ya es otro cantar. Espero que podáis perdonarme.

Siempre vuestra...


Ana.


miércoles, 4 de enero de 2017

Placer inmediato vs placer diferido

Vivimos en la era de la inmediatez. Cuando nos conectamos a internet, tenemos las noticias de todo el mundo en tiempo real, podemos hablar con un amigo que está lejos en el mismo instante en el que nos lo proponemos y el WhatsApp es un medio maravilloso para la comunicación inmediata.

Si nos aburrimos, podemos ponernos un vídeo gracioso de youtube que nos proporciona placer inmediato (la risa), no tenemos que esperar para ver el siguiente capítulo de esa serie que tanto nos gusta, y así millones de cosas más.

Atrás quedaron los tiempos en los que para comunicarnos con un amigo teníamos que escribir una carta, esperar a que llegara, rezar porque no se perdiera, y finalmente, esperar la contestación si él quería, sin saber si la había leído o no y confiar en que si era nuestro amigo era por algo.

El placer inmediato tiene dos aspectos positivos. El primero, es evidente, y es que es inmediato. Comunicación, entretenimiento, etc. son cosas que podemos lograr al instante sin ni siquiera tener que salir de casa. El segundo beneficio es que lo que te ha costado poco conseguir poco te cuesta perderlo, y me refiero al coste emocional. Si yo me conecto a una web de contactos y al minuto estoy vacilando con un chico, si al día siguiente desaparece, el coste emocional es pequeño ya que la inversión ha sido poca.

Estos dos beneficios, hacen que nos agarremos al placer inmediato de forma casi obsesiva, y que vivamos nuestra vida con cierta ansiedad, siempre en la búsqueda de placer sin esfuerzo. Lo malo de este tipo de placer es que en el fondo es poco satisfactorio.

Sin embargo, el placer diferido es mucho más satisfactorio. Cuando aprendemos a tocar un instrumento por ejemplo, nos cuesta mucho tiempo, cuando aprendemos un idioma, cuando montamos una empresa, cuando conquistamos a alguien a quien conocemos poco a poco o cuando tenemos que salir de casa, pagar una entrada para ir al cine y disfrutar de una película. Lo que hemos conseguido con cierto esfuerzo nos da una sensación de plenitud mucho mayor. Nos llena más.

El problema del placer diferido, es el miedo a perder todo aquello que hemos conseguido. Hemos invertido nuestro tiempo, nuestro esfuerzo, nuestras ilusiones en aquel trabajo, relación, aprendizaje y una vez conseguido tenemos que seguir invirtiendo para que no desaparezca. Es un trabajo constante y nunca se termina, porque si nos relajamos lo perdemos. Si aprendemos a tocar la guitarra, por ejemplo, pero una vez que sabemos dejamos de practicar, irremediablemente olvidaremos lo aprendido. Lo mismo con el amor, el trabajo o cualquier cosa que nos proporcione un placer verdadero. Así que, nos aferramos al placer efímero e inmediato, que nos cuesta menos esfuerzo y nos hace menos daño y en el camino perdemos algo de nuestra esencia, creatividad y aprendizaje.