Amigos. Qué palabra ¿no? Y mira que la pronunciamos veces. Amigos, colegas, compañeros, amiguetes. Todas las variantes que tenemos. Pero qué dificil es tener un amigo, una relación de igual a igual.
No sé si alguna vez he creido en la amistad. En la pura y la sincera, en la que no pide nada a cambio. Pero desde luego cada vez estoy más convencida de que un amigo solo es con quién mantienes una relación comercial, por decir alguna palabra.
Y es que dos personas son amigas mientras a ambas les interese, mientras ambas saquen partido del otro de una manera o de otra. Quizás suene un poco catastrofista, o quizás un poco triste, pero hoy estoy reflexionando sobre ello y creo que estoy en lo cierto. Uno puede necesitar compañía, un hombro en el que llorar si está triste, alguien para salir de copas, alguien que te arregla el ordenador cuando se te estropea, alguien que te ayude a hacer la mudanza, alguien con quién hablar simplemente. El otro puede acceder a todo eso pero a cambio de algo también. Hoy por ejemplo, me han hecho una oferta irrechazable para una fultbolera, ir a ver al barça al nou camp, gratis. ¿Será a cambio de algo? No puedo dejar de pensar en ello.
Mientras esa relación comercial sea más o menos equilibrada, tendrás un amigo del alma. En el momento en el que no lo sea, la cosa cambia porque uno de ellos siempre sufre. Sí, también se sufre por amistad, no todo va a ser sufrir por amor.
Muchas veces esas relaciones desequilibradas se mantienen por costumbre o porque al que menos recibe todavía le interesan, pero siempre pasan por momentos mejores y peores. Hay amistades que duran toda una vida, con sus picos y sus bajones, momentos en los que te hablas a todas las horas y otros en los que puedes pasar meses sin hablarte, y simplemente se retoman cuando sucede algo que hace que a los dos les interese volver a "estar juntos".
De vez en cuando, muy de vez en cuando, te encuentras con algún amigo de esos que no piden nada a cambio. Que simplemente quieren ser tus amigos y punto. Aunque les putees. A mí me ha pasado, y no me siento bien por ello, al revés, me siento fatal por no haber estado a la altura. Hace unos meses por ejemplo, en mi mente había millones y millones de cosas, y una amiga me llamaba a menudo. Yo, con tantas cosas en la cabeza, no tenía tiempo para ella, sin embargo, ella esperó, y cuando fui a su encuentro, no escuché el más leve reproche, sino todo lo contrario. Sus brazos abiertos para darme un abrazo. Pero esto es tan raro. Nadie espera a nadie, porque nadie merece tanto la pena para que le esperen.
Los amigos cambian, van, vienen, vuelven o se van para siempre. Si realmente merecen la pena, no deberíamos maltratarlos, sino cuidarlos. Se requiere muy poco esfuerzo, y sin embargo, muchas veces, aquellos que más merecen la pena, son a los que más maltratamos. Porque sabemos que estarán ahí, cuando les necesitemos, y eso no deja de ser una forma de abuso y de egoismo.
Creo que lo estoy mezclando todo, no sé si me estoy explicando bien. Hoy quería simplemente reflexionar acerca de la amistad. Esa de la que tanto presumimos, quizás porque carecemos de verdaderos amigos, o quizás no. No tengo ni pajolera idea.